La Atención al presente

La Atención al presente La atención al presente es un enfoque intencionado de la atención, que nos permite observar consciente y plenamente el ahora.

Visión

Las personas y la sociedad tienen necesidad de conocer los beneficios para la salud integral que es capaz de aportarles la atención al presente. Misión

Nuestra misión se centra en la generación de programas de investigación y entrenamiento que mejoren la salud individual y social adoptando un modo de vida atento a la realidad, sin prejuicios, con afecto y respeto por la vida en todas sus

manifestaciones

OMS, 1946. DEFINICION DE LA SALUD

«La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.»

La cita procede del Preámbulo de la Constitución de la Organización Mundial de la Salud, que fue adoptada por la Conferencia Sanitaria Internacional, celebrada en Nueva York del 19 de junio al 22 de julio de 1946, firmada el 22 de julio de 1946 por los representantes de 61 Estados (Official Records of the World Health Organization, Nº 2, p. 100), y entró en vigor el 7 de abril de 1948. La definición no ha sido modificada desde 1948. El objetivo de alcanzar la salud, no solamente corresponde a la medicina, sino a la sociedad y al individuo.

¿El futuro existe solo si lo pensamos? REFLEXIÓN  La noción de futuro,  no es más que un pensamiento. Una imagen proyect...
18/06/2026

¿El futuro existe solo si lo pensamos?

REFLEXIÓN

La noción de futuro, no es más que un pensamiento.

Una imagen proyectada hacia lo que aún no ha ocurrido, creada a partir de la memoria, del deseo, del miedo o de la expectativa. El futuro, tal como lo concebimos, es una posibilidad construida desde el presente por una mente que busca seguridad, continuidad

El futuro existe de dos maneras distintas.

Como hecho ya vivido, no existe. Nadie puede tocar el futuro, respirar en él o habitarlo directamente. Lo único que se experimenta es este instante. Incluso cuando mañana llegue, no será vivido como “futuro”, sino como presente.

Pero como posibilidad, el futuro sí tiene una realidad práctica. Una semilla puede convertirse en árbol. Una decisión tomada hoy puede abrir o cerrar caminos. Una palabra dicha ahora puede sanar o herir mañana. En ese sentido, el futuro no es sólo fantasía: está siendo preparado por nuestras acciones presentes.

El problema comienza cuando confundimos el futuro pensado con el futuro real. La mente imagina escenarios: éxito, fracaso, pérdida, reconocimiento, enfermedad, felicidad. Algunas imágenes ayudan a planificar; otras nos encarcelan. La ansiedad nace cuando una posibilidad mental se vive como si ya estuviera ocurriendo.

Por ejemplo, alguien piensa: “voy a fracasar”. El fracaso no está sucediendo ahora, pero el cuerpo reacciona como si fuera real: tensión, miedo, insomnio, bloqueo. El futuro imaginado invade el presente y le roba energía. Del mismo modo, alguien puede decir: “seré feliz cuando logre esto”. Entonces convierte la vida en espera y deja de ver lo que ya está disponible.

Vivir libre del futuro no significa no planificar. Significa planificar sin perder presencia. Se puede ahorrar, estudiar, cuidar la salud o preparar un proyecto sin quedar psicológicamente atrapado en lo que aún no existe.

Desde una mirada existencial, el futuro más importante no es el que imaginamos, sino el que estamos creando con nuestra respuesta actual. La pregunta no es sólo “¿qué ocurrirá?”, sino “¿qué actitud estoy encarnando ahora?, ¿qué sentido estoy sembrando con esta acción?”.

Tres ejercicios simples:

1 Distinguir hecho de proyección
Cuando aparezca preocupación, pregunta: “¿Esto está ocurriendo ahora o es una imagen mental?”

2 Planificar y volver

Dedica un tiempo concreto a planificar. Al terminar, vuelve al cuerpo: respiración, pies, manos, entorno.

3 Sembrar futuro desde el presente

Pregunta cada mañana: “¿Qué acto pequeño de hoy puede cuidar el mañana sin robarme el ahora?”

El futuro, como pensamiento, puede orientar o aprisionar. Como vida real, sólo nacerá del presente. Por eso, estar aquí no niega el futuro: lo vuelve más verdadero.

La paz interior no nace del control, sino de la atención.REFLEXIÓN    Cuando alguien nos hiere, suele activarse una resp...
17/06/2026

La paz interior no nace del control, sino de la atención.

REFLEXIÓN

Cuando alguien nos hiere, suele activarse una respuesta automática: defendernos, atacar, justificarnos o encerrarnos en la imagen de “me han dañado”. Pero si, en lugar de reaccionar, atendemos lo que ocurre en el cuerpo y en la mente, aparece un espacio distinto.

Ese espacio no es pasividad. Es lucidez. Se siente la herida, pero no se convierte inmediatamente en resentimiento. Se observa la emoción, pero no se le entrega el mando. En esa pausa, algo permanece entero. Ahí empieza un orden más profundo.

Muchas veces confundimos orden con rigidez: tenerlo todo bajo control, no sentir demasiado, responder siempre correctamente. Pero ese orden impuesto genera tensión, porque está basado en la represión. La verdadera armonía aparece cuando dejamos de luchar contra lo que surge y lo miramos con claridad.

La paz no significa que no haya dolor, enojo o miedo. Significa que esas emociones pueden ser vistas sin que nos definan. Cuando una emoción es atendida sin juicio, pierde parte de su violencia. Entonces la respuesta ya no nace de la herida, sino de una presencia más amplia.

Por ejemplo, alguien nos critica. La reacción inmediata puede ser defender la imagen propia. Pero si hacemos una pausa y sentimos la contracción en el pecho, el calor en la cara, el pensamiento que quiere responder, descubrimos algo: no estamos obligados a obedecer el impulso. Podemos hablar, callar, aclarar o alejarnos, pero desde más libertad.

Desde una perspectiva existencial, esa pausa es decisiva. Allí recuperamos responsabilidad. La vida no siempre nos da paz exterior, pero nos ofrece la posibilidad de responder con dignidad interior.

Tres ejercicios simples:

Despertar con atención

Antes de levantarte, siente el cuerpo durante un minuto. No corrijas nada. Sólo da la bienvenida a lo que está.

Cinco minutos de no hacer

Siéntate en silencio, sin móvil ni estímulos. Observa pensamientos y emociones sin intervenir.
Tres respiraciones antes de responder

Cuando algo te active, respira tres veces antes de hablar o actuar.

La paz no es una conquista lejana. Aparece cuando dejamos de defendernos de nosotros mismos y permitimos que la presencia ordene la vida desde dentro.

¿Apegarnos a lo que nos sucede es nuestra principal fuente de pérdida de energía?REFLEXIÓNApegarnos a lo que nos sucede ...
15/06/2026

¿Apegarnos a lo que nos sucede es nuestra principal fuente de pérdida de energía?

REFLEXIÓN

Apegarnos a lo que nos sucede consume nuestra energía vital porque nos enreda en un ciclo de resistencia mental y emocional. El apego no es solo una conexión emocional; es un intento constante de fijar lo que, por su naturaleza, es transitorio. Como el agua que fluye, la vida no puede ser contenida en la forma que deseamos sin que haya una pérdida: de claridad, de fuerza, de libertad.

La energía se disipa cuando nos resistimos a lo que es. Por ejemplo, alguien pierde su trabajo y, en lugar de atender lo que esa experiencia revela —la oportunidad de adaptarse, de redirigir su rumbo— se queda atrapado en la indignación, la nostalgia o la culpa. Este apego a "lo que debería haber sido" le impide ver "lo que es ahora". En ese conflicto interno, se desgasta.

Además, el apego nos impone una expectativa constante: que las cosas permanezcan como queremos. Esto nos mantiene en vigilancia, en tensión, intentando controlar una realidad que no obedece a nuestros deseos. La ansiedad se convierte en una compañera, la serenidad se disuelve.

Soltar no es renunciar ni desinteresarse, sino ver sin aferrarse. Observar un pensamiento sin seguirlo, sentir una emoción sin identificarse con ella, atravesar una pérdida sin definirse por ella. Este desapego lúcido devuelve energía al cuerpo y a la mente.

Ejercicios para reflexionar y experimentar

1- Contempla un objeto que ya no usas

Tómalo entre tus manos. ¿Qué emociones te genera? ¿Por qué lo conservas? Obsérvate. Luego, decide: ¿lo necesitas para vivir o es solo una extensión del pasado?

2- Repite internamente

Al comenzar el día, di con atención: “Estoy dispuesto a dejar ir lo que no puedo controlar.” Observa durante el día cuántas veces aparece la resistencia. No la combatas; mírala.

3- Haz una lista de tus tres mayores apegos actuales

¿Son personas, ideas, recuerdos, deseos? A la par, escribe cómo te hacen sentir. Luego pregúntate: “¿Qué parte de mí se identifica con esto?”

A medida que uno cultiva esta atención desapegada, comienza a recuperar su energía. El cuerpo descansa más profundamente. La mente se vuelve más clara. Las emociones fluyen sin arrastrar. Y en ese fluir, se abre un espacio nuevo: el de una vida vivida con liviandad, con presencia, con verdadera libertad.

¿Buscamos el placer para huir de nosotros mismos?REFLEXIÓN Muchas veces buscamos el placer para huir de nosotros mismos,...
10/06/2026

¿Buscamos el placer para huir de nosotros mismos?

REFLEXIÓN

Muchas veces buscamos el placer para huir de nosotros mismos, aunque no siempre. El placer puede ser una expresión sana de la vida: disfrutar una comida, una conversación, una música, el descanso, el cuerpo, la belleza. El problema aparece cuando el placer deja de ser gozo y se convierte en anestesia.

Después de un día difícil, la mente busca compensación. Quiere cambiar rápidamente el estado interno: quitar la tensión, tapar la tristeza, silenciar la frustración, distraerse del vacío. Entonces aparece el impulso: comer algo, comprar, beber, mirar pantallas, buscar aprobación, llenar el silencio. No hay que condenar ese movimiento; es humano. Pero sí conviene observarlo, porque aquello que no vemos empieza a dirigirnos.

La pregunta clave no es: “¿Está mal buscar placer?” La pregunta más profunda es: “¿Desde dónde nace este deseo?” Puede nacer de la alegría, del descanso legítimo, del compartir. O puede nacer de una incapacidad de permanecer con lo que duele. En el primer caso, el placer nutre. En el segundo, adormece y suele dejar un residuo de vacío, culpa o dependencia.

Cuando algo desagradable ocurre, el cuerpo trae señales: presión en el pecho, cansancio, n**o en el estómago, inquietud. La mente enseguida quiere traducirlo, resolverlo o escapar. Pero si nos quedamos un momento con esa sensación, sin dramatizarla ni reprimirla, puede revelarse algo importante: una necesidad no escuchada, una herida antigua, una expectativa rota, una forma de vida que ya no tiene sentido.

Por ejemplo, alguien llega a casa agotado y abre compulsivamente una aplicación, come sin hambre o compra algo innecesario. En la superficie parece simple distracción. Pero si mira con atención, quizá descubra soledad, falta de reconocimiento, miedo a detenerse o una vida demasiado alejada de sus valores. El placer compensatorio no era el problema principal; era la señal.

Desde una mirada existencial, el sufrimiento no siempre debe eliminarse de inmediato. A veces contiene una pregunta. Puede preguntar: “¿Qué estoy descuidando?”, “¿qué me pide la vida ahora?”, “¿qué responsabilidad estoy evitando?”, “¿qué sentido necesito recuperar?” Huir constantemente del malestar impide escuchar esa pregunta. Y sin escucharla, repetimos.

Tres ejercicios simples:

1- Pausa antes del placer

Antes de buscar una compensación, detente treinta segundos y pregunta: “¿Qué estoy intentando no sentir?”

2- Distinguir nutrición de anestesia

Pregunta: “Después de esto, ¿me sentiré más vivo o más apagado?”

3- Acompañar la sensación

Si aparece malestar, siéntalo en el cuerpo durante un minuto sin explicarlo. Sólo respira y observa.

El placer no necesita ser enemigo de la conciencia. Pero cuando se usa para escapar de uno mismo, se vuelve una jaula amable. La libertad empieza cuando podemos disfrutar sin huir y sufrir sin destruirnos.

La cita "Por qué vivir con prisas, nos crea frustración" nos invita a reflexionar sobre los efectos negativos de llevar ...
09/06/2026

La cita "Por qué vivir con prisas, nos crea frustración" nos invita a reflexionar sobre los efectos negativos de llevar una vida apresurada y llena de prisas.

En pocas palabras, nos dice que cuando vivimos con prisa, constantemente apresurándonos de un lugar a otro o tratando de hacer muchas cosas en poco tiempo, terminamos sintiendo frustración. Esta frustración surge porque no podemos disfrutar plenamente de las experiencias, nos perdemos detalles importantes y nos sentimos agobiados por la presión del tiempo.

Vivir con prisas puede llevarnos a descuidar nuestro bienestar emocional y físico, ya que nos falta tiempo para relajarnos, descansar y cuidar de nosotros mismos. También puede afectar nuestras relaciones interpersonales, ya que nos resulta difícil estar presentes y conectados con los demás cuando estamos constantemente preocupados por el reloj.

La cita nos invita a reconsiderar nuestro enfoque hacia la vida y a buscar un equilibrio. Nos sugiere que desaceleremos, que apreciemos el momento presente y que encontremos formas de simplificar nuestra vida. Al hacerlo, podemos reducir la frustración y experimentar una mayor satisfacción y serenidad en nuestras actividades diarias.

La cita nos insta a dejar de vivir apresuradamente y a tomar conciencia de cómo esa prisa nos afecta negativamente. Nos invita a adoptar un enfoque más tranquilo y consciente, lo que nos permitirá disfrutar más de la vida y reducir la frustración que surge de las prisas constantes

"AL l PRESENTE no se LLEGA, se lo VIVE"Esta cita nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del presente y la importan...
05/06/2026

"AL l PRESENTE no se LLEGA, se lo VIVE"

Esta cita nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del presente y la importancia de vivirlo plenamente en lugar de tratar de llegar a él como si fuera un destino externo.

A men**o, nos encontramos anhelando el futuro o aferrándonos al pasado, esperando que algún día lleguemos al presente ideal.

Sin embargo, esta cita nos recuerda que el presente no es un lugar al que debamos llegar, sino más bien un estado de conciencia en el que nos sumergimos y experimentamos plenamente.

El presente es el único momento real y tangible que tenemos. Es el aquí y ahora, el momento en el que nuestras vidas realmente ocurren.

"Siempre estamos en el presente," pero a veces nos distraemos con pensamientos sobre el pasado o el futuro, perdiendo así la oportunidad de vivir plenamente el momento presente.

Vivir el presente implica estar completamente presente en nuestras experiencias, sin dejar que los pensamientos o preocupaciones nos distraigan. Se trata de estar conscientes de nuestros pensamientos, emociones, sensaciones y entorno en cada momento.

Al vivir plenamente el presente, nos conectamos con la realidad presente y experimentamos una mayor sensación de plenitud, gratitud y bienestar.

En lugar de perseguir constantemente la idea de alcanzar el presente, debemos recordar que el presente ya está aquí. Solo podemos vivirlo conscientemente, abrazando cada momento y aprovechando al máximo cada experiencia que se nos presenta.

En definitiva, la cita nos enseña que el presente no es un destino al que llegar, sino un estado de conciencia que debemos vivir plenamente.

Al estar conscientes y presentes en el momento actual, podemos experimentar una mayor conexión con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea

"Elige habitarte atendiendo a lo que vives" REFLEXIÓN                        "Elige habitarte atendiendo a lo que vives"...
01/06/2026

"Elige habitarte atendiendo a lo que vives"

REFLEXIÓN

"Elige habitarte atendiendo a lo que vives" significa que tenemos la capacidad de tomar decisiones conscientes sobre cómo queremos vivir nuestra vida. A men**o nos dejamos llevar por las circunstancias externas, por lo que debemos hacer y por nuestros pensamientos, sin prestar atención a nuestras emociones y experiencias internas.

“Habitarte” significa dejar de vivir como una persona ausente de sí misma.

Muchas veces el cuerpo está aquí, pero la atención está en otra parte: en lo que ocurrió, en lo que podría pasar, en lo que alguien pensó, en lo que falta, en lo que se espera conseguir. Así se vive dividido. Se camina, se habla, se trabaja, se ama incluso, pero desde una especie de distancia interior. La vida sucede, pero no se la toca plenamente.

“Atender a lo que vives” no significa analizarlo todo. Significa estar presente ante la experiencia tal como aparece: una emoción, una tensión corporal, una alegría, una tristeza, una incomodidad, una intuición, una contradicción. Esa atención no condena ni justifica. Mira.

Por ejemplo, alguien dice “sí” cuando todo su cuerpo está diciendo “no”. Si no se habita, actuará por costumbre, miedo o deseo de aprobación. Pero si atiende, puede descubrir: “Estoy aceptando para no decepcionar”. Ese simple ver ya introduce libertad. Tal vez aún diga sí, tal vez diga no, pero ya no actúa completamente dormida.

Otro ejemplo: una persona siente ansiedad. Normalmente intenta huir: distraerse, controlar, culpar, consumir, discutir. Habitarse sería detenerse un momento y preguntar: “¿Qué estoy sintiendo realmente? ¿Dónde está esto en el cuerpo? ¿Qué pensamiento lo alimenta? ¿Qué necesidad no estoy escuchando?”. No se trata de resolverlo todo de inmediato, sino de no abandonarse.

La sociedad suele enseñarnos a vivir hacia fuera: producir, responder, cumplir, aparentar, competir, mostrar una imagen. Pero una vida construida sólo hacia fuera puede volverse extraña para quien la vive. Se consigue mucho y, sin embargo, aparece una sensación de vacío: “esto no soy yo”, “no sé qué quiero”, “estoy cansada de sostener esta versión de mí”.

Habitarse es regresar a la propia casa interior. No como encierro individualista, sino como condición para relacionarse mejor. Quien no se escucha, suele pedir a otros que lo salven, lo completen o lo confirmen. Quien se habita puede amar con menos posesión, decidir con más claridad y sufrir con más dignidad.

Desde una mirada existencial, atender a lo que se vive es también escuchar la pregunta que cada situación trae. No sólo “¿qué siento?”, sino “¿qué respuesta responsable me pide este momento?”. La vida no se comprende desde ideas generales, sino desde la fidelidad a lo concreto.

Tres ejercicios simples:

1- Pausa corporal: tres veces al día, detente y pregunta: “¿Qué está viviendo mi cuerpo ahora?”

2- Una emoción sin historia: nombra lo que sientes sin explicar: “tristeza”, “miedo”, “alegría”, “enojo”.

3- Decisión consciente: antes de decir sí o no, pregunta: “¿Esto nace de claridad, miedo o costumbre?”

Elegir habitarte es dejar de tratarte como un lugar de paso. Es volver a estar presente en la única vida que realmente puedes vivir: la que está ocurriendo ahora.

¿Por qué amar es cosa de valientes?Amar es cosa de valientes porque supone entregarse sin garantías, sin red de protecci...
29/05/2026

¿Por qué amar es cosa de valientes?

Amar es cosa de valientes porque supone entregarse sin garantías, sin red de protección, en un mundo donde el temor al sufrimiento, al rechazo o a la pérdida nos hace cerrar puertas antes de abrirlas. Amar verdaderamente no es un gesto romántico idealizado, sino un movimiento radical de vulnerabilidad y presencia. Requiere valor porque expone la piel del alma a la intemperie de lo incierto.

En el acto de amar hay renuncia: se abandona la necesidad de controlar, de tener razón, de imponer expectativas. Se desarma el ego para dar paso a la escucha profunda, a la comprensión de que el otro es un universo diferente, no una prolongación de uno mismo. Aquí aparece el coraje, no como fuerza bruta, sino como la fortaleza interior de sostener la incertidumbre sin replegarse.

Amar exige madurez emocional. Significa estar dispuesto a convivir con lo que no podemos cambiar del otro, a soltar la ilusión de perfección, y a construir desde la aceptación. Es la valentía de no escapar ante el conflicto, sino de permanecer y dialogar. Es el arte de mirarse y decir: “aun en la fragilidad, elijo estar”.

El miedo nos lleva a protegernos; el amor nos lleva a exponernos. Y solo quien se atreve a sentir el vértigo de amar sin condición, descubre que el mayor riesgo no es amar y ser herido, sino no amar nunca y quedar prisionero de uno mismo.

Tres ejercicios para meditar sobre el coraje de amar:

1- Observa tu vulnerabilidad: Dedica unos minutos a recordar una situación en la que abriste tu corazón y no fuiste correspondido como esperabas. ¿Qué aprendiste de esa experiencia? ¿Qué temes repetir? Respira con ello sin juicio.

2- Escucha sin responder: En una conversación cercana, practica escuchar sin pensar en tu respuesta. Solo escucha. Notarás cuánto cuesta soltar el control. Eso es amor en acción.

3- Ofrece algo sin esperar: Haz hoy un gesto amable por alguien sin esperar reconocimiento. Observa si surge impaciencia o deseo de aprobación. Eso también es entrenar el coraje de amar libremente.

Amar, en esencia, no es poseer ni ser poseído. Es estar disponible para lo que vive en el otro, sin perdernos a nosotros mismos. Es la más valiente de las danzas humanas.

Mientras los actos nazcan del egoísmo, la paz será frágil, parcial o simplemente aparente.Pero conviene mirar con precis...
26/05/2026

Mientras los actos nazcan del egoísmo, la paz será frágil, parcial o simplemente aparente.

Pero conviene mirar con precisión qué se entiende por egoísmo. No es sólo querer algo para uno mismo. Tener necesidades, cuidar el cuerpo, proteger el tiempo, decir “no”, buscar bienestar: todo eso puede ser sano. El egoísmo aparece cuando el propio interés se vuelve ciego al otro; cuando la vida se organiza alrededor de una imagen: “mi éxito”, “mi seguridad”, “mi razón”, “mi grupo”, “mi ventaja”.

Ahí empieza el conflicto.

Una persona puede sonreír, ayudar o hablar de paz, pero si internamente está comparando, compitiendo, acumulando reconocimiento o buscando dominar, esa acción lleva una semilla de división. Puede parecer generosa, pero está contaminada por cálculo. Y lo calculado puede producir orden externo, pero rara vez produce paz verdadera.

A nivel colectivo ocurre lo mismo. Familias, empresas, religiones, partidos y naciones suelen hablar de valores nobles mientras protegen intereses particulares. Cada grupo dice buscar justicia, seguridad o progreso, pero muchas veces lo hace desde la separación: “nosotros primero”, “los nuestros valen más”, “mi verdad debe imponerse”. Así la humanidad puede construir enormes sistemas de cooperación y, al mismo tiempo, sostener guerras, explotación y miedo.

La raíz no está sólo en las instituciones. Está en la mente que divide la vida en “yo” y “los otros” como si fueran realidades totalmente separadas. Cuando esa división domina, la paz se convierte en estrategia, no en comprensión. Se negocia para no destruirse, pero no se comprende la unidad profunda de la existencia compartida.

La paz real no nace de repetir palabras como compasión o solidaridad. Nace cuando uno ve el movimiento del egoísmo en sí mismo: el deseo de tener razón, la necesidad de ser admirado, la irritación cuando no se recibe lo esperado, la tendencia a usar a otros para llenar vacíos propios.

Y aquí entra una dimensión existencial importante: la vida no pregunta sólo “¿qué puedo obtener?”, sino “¿qué responsabilidad me corresponde asumir?”. Cuando una persona descubre un sentido que la trasciende —un hijo, una tarea, una causa, un amor, una verdad— deja de girar obsesivamente alrededor de sí misma. No desaparecen sus necesidades, pero dejan de ser el centro absoluto.

Ejemplo sencillo: dos personas discuten. Una quiere ganar; la otra quiere comprender. La primera puede vencer verbalmente y perder la relación. La segunda quizá ceda en apariencia, pero abre un espacio de paz. No porque sea débil, sino porque no está esclavizada por la imagen de tener razón.

Tres ejercicios simples:

Antes de actuar, pregunta: “¿Esto busca unir, comprender o sólo proteger mi imagen?”
En un conflicto, escucha durante tres minutos sin preparar defensa.
Cada día, realiza un acto útil que nadie pueda atribuirte.

La paz comienza cuando el centro deja de ser “yo contra el mundo” y aparece una inteligencia más amplia: vivir de tal modo que la propia existencia no sea una herida para los demás

¿Raramente estamos "ATENTOS" a "nuestra PRESENCIA"?.REFLEXIÓNRaramente estamos atentos a nuestra propia presencia. Vivim...
16/05/2026

¿Raramente estamos "ATENTOS" a "nuestra PRESENCIA"?.

REFLEXIÓN

Raramente estamos atentos a nuestra propia presencia. Vivimos, casi todo el tiempo, como si estuviéramos huyendo de nosotros mismos. No de manera dramática, sino sutil: en cada distracción, en cada pensamiento automático, en cada impulso por llenar el silencio, estamos ausentándonos de lo que somos en este instante. Hemos convertido lo cotidiano en una serie de funciones y tareas, y al hacerlo, nos convertimos nosotros mismos en funciones. ¿Pero quién es el que está viviendo? ¿Quién es el que respira, que siente, que piensa?

La atención verdadera no es un esfuerzo ni una técnica. Es una cualidad de presencia viva. No se trata de “vigilarse” o estar tensos ante uno mismo, sino de estar simplemente despiertos a lo que sucede —sin filtro, sin juicio, sin nombre. Cuando hay esa atención, la presencia no necesita ser afirmada: es.

Pero la mayoría del tiempo no estamos ahí. Estamos en el recuerdo de lo que fuimos, o en la proyección de lo que deberíamos ser. Incluso cuando creemos estar atentos, muchas veces esa atención está teñida de expectativas, de comparación, de miedo. Así, la presencia queda cubierta por capas de pensamiento. Lo curioso es que este olvido de uno mismo no puede ser corregido por más pensamiento. Solo se disuelve cuando se ve con claridad.

Ejemplos de esta falta de presencia:

1- Caminas por la calle pero estás planeando la conversación que tendrás por la tarde. Tus pies tocan el suelo, pero no sabes cómo. Estás allí, pero no estás presente.

2- Comes pero ya estás pensando en lo que harás después. La comida pierde sabor porque tu mente está en otro lugar.

3- Estás con alguien, pero estás revisando tu teléfono o recordando una vieja discusión. La persona está ahí, pero tú no.

Ejercicios para despertar la atención a tu presencia:

1- El instante del despertar:

Al abrir los ojos cada mañana, no te levantes de inmediato. Quédate unos segundos solo para sentir tu cuerpo, tu respiración. No pienses, solo observa: “Estoy aquí.”

2- La pausa consciente:

Detente varias veces al día por 30 segundos. No hagas nada. No busques nada. Solo nota: ¿Dónde estoy? ¿Qué siento? ¿Hay tensión? ¿Hay silencio?

3- Presencia en el cuerpo:
Lleva la atención a tu cuerpo mientras haces algo simple: lavarte las manos, beber agua, caminar. Siente cada movimiento sin describirlo. Solo siente.

Esta presencia a la que raramente atendemos no está lejos. No es una meta. Es lo más cercano, lo más inmediato. Y, sin embargo, vivimos como si no existiera. Estar atento a la presencia no es mirarse como un objeto, es ser, sin necesidad de definirse. Cuando eso ocurre, la vida deja de ser una carrera y se convierte en una revelación continua.

Y en esa presencia silenciosa —libre del deseo de ser alguien— se manifiesta algo que no puede ser capturado por palabras, pero que da sentido a todo lo demás.

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