02/05/2026
Hematología y Hemoterapia 'Diana', la revista de las Terapias Avanzadas
Nuevas CAR-T: hacia una reducción significativa de la toxicidad
El constructo CAR-T liso-cel, ya disponible para linfomas, tiene un perfil muy favorable en cuanto a síndrome de liberación de citoquinas, toxicidad neurológica e infecciones.
ez-Monge Madrid
Actualizado Jue, 16/04/2026 - 16:28
Los avances en terapia con células CAR-T se reflejan tanto en sus cifras de aumento de la eficacia como en las de reducción de la toxicidad. Este segundo punto cobra mayor importancia cuando se trata de pacientes con una vulnerabilidad significativa. De ahí que los hematólogos presten especial atención a la seguridad de las nuevas opciones, como liso-cel, de Bristol Myers Squibb (BMS).
Esta terapia de células T con receptor de antígeno quimérico (CAR) dirigido al antígeno CD19 fue aprobada a finales de 2025 en España y a principios de 2026 recibió la autorización de financiación como tratamiento de segunda línea para pacientes con linfoma difuso de células B grandes, linfoma de células B de alto grado, linfoma B primario mediastínico de células grandes y linfoma folicular de grado 3B que hayan recaído en los 12 meses siguientes a finalizar su tratamiento de primera línea o que sean refractarios a éste. Asimismo, se financia en el tratamiento de cuarta línea o posteriores para adultos con linfoma folicular en recaída o refractario.
Los datos del estudio de registro Transform para linfoma B difuso de células grandes muestran una mejora significativa en la supervivencia libre de eventos (SLE), en comparación con el estándar de tratamiento convencional. Los resultados con seguimiento a largo plazo (34 meses) mostraron una mediana de SLE de 29,5 meses frente a los 2,4 meses de los pacientes tratados en el brazo control, lo que demuestra un control de la enfermedad prolongado y superior al tratamiento estándar.
En cuanto al linfoma folicular, el ensayo Transcend FL mostró, en pacientes tratados en tercera línea, una tasa de respuesta global del 97,1% y una tasa de respuesta completa del 94,2%. Las respuestas fueron rápidas, duraderas y demostraron una eficacia sostenida, con un 75,7% de los pacientes que seguían en respuesta a los 18 meses.
‘Tormenta’ de citoquinas y neurotoxicidad
El buen perfil de seguridad de liso-cel se plasma, sobre todo, en una reducción significativa de la denominada tormenta de citoquinas o síndrome de liberación de citoquinas y de la toxicidad neurológica. Esta última, según explica a DM Anna Sureda, jefa del Departamento de Hematología Clínica del Instituto Catalán de Oncología de Barcelona, “es la toxicidad que más nos preocupa a los hematólogos”. Estos especialistas están más habituados a lidiar con el síndrome de liberación de citoquinas, que supone “una inestabilidad hemodinámica del paciente y puede precisar fármacos vasoactivos, soporte de oxígeno y el traslado a cuidados intensivos”, apunta. “Hemos hecho trasplante durante muchos años y estamos más o menos acostumbrados a este tipo de cuadros”. En cambio, considera que supone un mayor desafío “la toxicidad neurológica tan característica de las células CAR-T, que se debe a una disrupción de la barrera hematoencefálica, así como a la tormenta de citoquinas y el paso de estas células al líquido cefalorraquídeo”.
El manejo de la neurotoxicidad implica, en palabras de Sureda, “que tenemos que contar mucho más directamente con los neurólogos”. Es una complicación que “se puede desarrollar muy rápidamente”, por lo que requiere una actuación muy coordinada y veloz entre especialistas. Por eso, el hecho de que con la terapia CAR-T liso-cel se reduzca esta toxicidad también repercute en una menor utilización de recursos hospitalarios extra, tanto de personal como de fármacos.
Además, hay que tener en cuenta que tanto la toxicidad neurológica como el síndrome de liberación de citoquinas implica la administración de fármacos altamente inmunosupresores, como corticoides y tocilizumab. Como consecuencia, se acaban produciendo más infecciones.
Menor toxicidad infecciosa
A este respecto, Alejandro Martín, investigador y hematólogo del Servicio de Hematología del Complejo Asistencial Universitario de Salamanca, señala que las infecciones constituyen “la principal causa de mortalidad no debida a recaída” en estos pacientes. El riesgo aumenta por el estado de inmunosupresión generado por la propia enfermedad de base, pero también por la linfodepleción a la que se somete a los pacientes antes de la infusión de las células CAR-T y por los efectos de esta terapia, que no solo destruye las células tumorales, sino también los linfocitos B normales. También por los fármacos ya citados frente a las complicaciones del tratamiento.
En conclusión, “en términos globales, los pacientes tratados con CAR más tóxicos, con un perfil de toxicidad peor, tienen un mayor riesgo de padecer problemas infecciosos en el periodo inmediato después de la infusión de células CAR-T que los pacientes tratados con constructos menos tóxicos”, resalta Sureda.
Alta adelantada o ¿tratamiento ambulatorio?
La menor incidencia de efectos adversos abre la puerta a empezar a considerar el tratamiento ambulatorio de los pacientes tratados con CAR-T. No obstante, los expertos advierten que para ello se necesitan recursos específicos. Sureda cita la posibilidad de desarrollar un “concepto intermedio”, que sería el alta temprana. De esta manera, si al cabo de tres o cuatro días el paciente se encuentra bien y no ha presentado ni síndrome de liberación de citoquinas ni toxicidad neurológica, podría irse a su casa. Ahora bien, debe cumplir unos requisitos mínimos: que entiende el procedimiento, tiene un cuidador, vive cerca del hospital, no tiene muchas comorbilidades… Por otra parte, no se le puede enviar a su domicilio sin más, sino que se requerirán, entre otros recursos, “enfermeras que vayan a visitar al paciente”, así como un equipo médico que se haga cargo.
La hematóloga cree que hay que poner sobre la mesa esta opción porque “en el contexto del trasplante se ha demostrado que, en condiciones adecuadas, mejora la calidad de vida e, incluso, los resultados del trasplante”. Además, hay que tener en cuenta que, tal y como apunta Martín, “los hospitales tienen una presión antibiótica masiva y el riesgo de infecciones nosocomiales es muy elevado”.
El constructo CAR-T liso-cel, ya disponible para linfomas, tiene un perfil muy favorable en cuanto a síndrome de liberación de citoquinas, toxicidad neurológica e infecciones.