17/05/2026
En mi adolescencia yo tenía tres héroes que me inspiraban, alentaban y acompañaban en mi ardua senda hacia al descubrimiento de un sentido para esta vida, de respuestas a los grandes interrogantes existenciales que mi joven mente se planteaba. Estos tres héroes eran mi hermano Miguel Ángel, el gran apóstol de la no-violencia, Mohandas Gandhi y el audaz yogui y escritor Theos Bernard, cuyas obras muchos años después tendría la oportunidad de prologar. Mi hermano Miguel Ángel, solo dieciséis meses más joven que yo, fue mi apoyo, mi fiel camarada, mi amigo del alma a lo largo de mi vida, hasta que prematuramente falleció. No tuvo una juventud fácil debido a un accidente que puso en riesgo su vida y le llevó más de tres años superar, pero su carácter intrépido y su inquebrantable gran fortaleza interior eran sus más fieles aliados. Era un gran poeta, un excelente rapsoda, un verdadero humanista y autor de dos libros capaces de tocar nuestras fibras más sensibles. Durante cuarto de siglo hicimos juntos, una vez por semana y en diferentes emisoras de radio, “La Tertulia Humanista”, abordando temas y disciplinas para el autoconocimiento, el autodesarrollo y la realización de sí. Con su carisma, su simpatía y fluidez emocional a nadie dejaba indiferente. A su muerte, el periodista y escritor Jesús Fonseca le dedicó un precioso texto titulado “Pasó por la vida haciendo el bien”. Amante incondicional, como yo, de los animales, sensible y empático, amó mucho y mucho fue amado. Escucho sus CDs y leo sus poemas y libros. Cuando vivía éramos un alma en dos cuerpos y ahora somos dos almas en un solo cuerpo.
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