09/09/2026
Hay algo de esta canción que me toca especialmente.
Habla de un padre diciéndole a su hijo que hay noches que nunca mueren. Y pienso en mi padre.
Lo perdí cuando tenía 12 años, así que muchas veces me pregunto qué consejos me habría dado si hubiera podido acompañarme durante más años.
Pero hay uno que siento que he aprendido de la propia vida:
No sabemos cuánto tiempo tenemos.
Yo ya lo había sentido cuando casi no cuento mi primer problema grave de salud. Por eso llevo un fénix tatuado en la espalda. Como recordatorio de que estoy aquí.
Y ahora quiero vivir desde ahí.
No desde la prisa ni desde la necesidad de llegar a algún sitio, sino desde la calma de saber que este momento también importa.
Porque quizá vivir intensamente no significa hacer grandes cosas.
A veces significa estar tan presente en una noche cualquiera que, muchos años después, todavía puedas sentirla.
Y me gusta pensar que, de alguna manera, ese es el consejo de mi padre que sigue conmigo.