09/09/2026
Hay una fina línea entre el autocuidado y el rechazo corporal que no puede
valorarse, tan sólo, por la conducta externa. Necesitamos distintos tipos de
indagaciones para discernir de qué se trata.
Por ejemplo, una persona sale a correr todos los días quince kilómetros. Esta
es la conducta externa.
¿Qué siente, qué piensa, qué percibe al correr? Estas indagaciones
fenomenológicas nos permitirán entrar en su mundo interno. La respuesta
puede ser: “siento la brisa en el rostro y eso me da sensación de libertad” . O
puede ser: “pienso que he comido demasiado estos días y que necesito
quemar todas las calorías extras que he ingerido”.
¿Qué historia de cuidado del cuerpo hay en tu familia? Estas indagaciones
históricas nos darán una pista del tipo de entorno familiar en el que se ha
criado la persona y las creencias que pueda tener sobre el cuidado del cuerpo.
La respuesta puede ser “mis padres siempre me han animado a comer de todo
y a hacer ejercicio porque el cuerpo nos ha de durar muchos años”. O puede
ser “en casa siempre han estado obsesionados con el peso y con las dietas
para no engordar”
¿Para qué lo haces? La respuesta sobre la utilidad que tiene la conducta
puede ser: “para liberar mi mente, soltar el estrés del día y mantener mi cuerpo
en forma”. O puede ser “para no engordar porque, si engordo, no soy capaz de
mirarme al espejo”.
El primero de los casos es más cercano al autocuidado, el segundo más
cercano al auto-rechazo. Sin embargo, mucha más indagación sería necesaria
para llegar al fondo del asunto.