24/06/2026
¿Por qué algunas personas acabamos usando el victimismo de una manera sostenida?
La respuesta no es porque nos guste sufrir. Tampoco lo explica el haber sido víctimas de daños y heridas en el pasado. En muchos casos, aunque el victimismo nace como una estrategia de supervivencia, se mantiene porque ofrece valiosos beneficios secundarios y acaba convirtiéndose en parte de nuestra identidad.
Eric Berne, creador del Análisis Transaccional, hablaba de la posición existencial de "Yo no estoy OK". Desde ahí, la persona puede llegar a verse a sí misma como menos capaz, menos valiosa o con menos poder que los demás. Y desde esta posición, que aunque es dolorosa, puede conseguir beneficios tales como:
- Recibir atención y cuidado… porque “los demás tienen más recursos que yo”
- Sentirnos protegido y que nos resuelvan los problemas … porque “yo no puedo”
- Evitar responsabilidades que nos generan miedo,
- Justificar la inacción al decir “es que soy así, yo soy incapaz”
- Mantener relaciones de dependencia.
- Confirmar la imagen que tenemos de nosotros mismos… porque “yo no tengo solución”.
Así, sin darnos cuenta, el victimismo se mantiene porque resulta familiar, confirma nuestras creencias más básicas, da certeza de quiénes somos y consigue satisfacer necesidades relacionales básicas para todo ser humano.
Por eso, salir del victimismo no consiste en "dejar de quejarse" o "ponerle ganas", no. Salir del victimismo implica revisar las heridas que dieron origen a esa estrategia, preguntarnos ¿qué función está cumpliendo esto en mi vida? y descubrir nuevas formas de cuidarnos, de pedir ayuda y de asumir nuestra capacidad de influir en nuestra propia vida.