06/06/2026
Hay algo que observo con frecuencia y que me parece profundamente humano. La mayoría de las personas desean sinceramente sentirse mejor. Desean vivir con más paz, menos ansiedad, menos miedo, más claridad y más bienestar. Sin embargo, cuando aparece la oportunidad de iniciar un proceso que podría ayudarles, muchas veces surge una resistencia silenciosa que les lleva a dejarlo para más adelante.
No suele ser falta de deseo. Tampoco falta de inteligencia. Más bien parece que nos hemos acostumbrado tanto a determinadas formas de sufrimiento, preocupación o malestar que terminan formando parte de nuestra normalidad. Aprendemos a convivir con ellas y acabamos organizando nuestra vida alrededor de aquello que nos limita.
Lo curioso es que muchas veces encontramos tiempo para preocuparnos, para darle vueltas a los problemas, para sostener situaciones que nos desgastan o para distraernos de aquello que nos ocurre. Sin embargo, nos cuesta más reservar un espacio para aquello que podría ayudarnos a comprendernos mejor, liberarnos o recuperar la paz.
Quizás por eso los cambios profundos rara vez suceden de forma inmediata. Suelen aparecer cuando una persona deja de posponerse a sí misma y decide comprometerse con su propio proceso el tiempo suficiente para que algo nuevo pueda echar raíces.
A veces pienso que la pregunta más importante no es si queremos estar mejor. La pregunta es cuánto espacio estamos realmente dispuestos a darle en nuestra vida a aquello que puede ayudarnos a estar mejor.
Si sientes que ha llegado el momento de dejar de posponerte y dedicar un espacio semanal a tu bienestar, cada miércoles compartimos un encuentro online de sanación y autoconocimiento donde trabajamos precisamente sobre estos temas.
Si deseas más información, puedes escribirme por privado.