18/06/2026
Muchas veces juzgamos el amor desde nuestra propia historia.
Desde aquello que aprendimos. Desde aquello que vimos. Desde aquello que esperamos recibir.
Y desde ahí creemos saber si alguien nos ama correctamente o incorrectamente.
Pero ese juicio nace de una estructura interna que hemos construido sobre lo que creemos que es el amor.
Una estructura donde muchas veces hemos confundido amor con felicidad constante.
Como si amar significara estar siempre bien. Siempre ilusionados. Siempre sintiendo mariposas. Siempre viviendo una historia perfecta.
Como si el amor tuviera que mantenerse en ese estado idílico que hemos imaginado.
Pero la felicidad son momentos.
Son instantes.
Son experiencias que aparecen y se transforman.
El amor, en cambio, también habita en otros lugares.
En la presencia. En la escucha. En la capacidad de atravesar momentos difíciles. En poder mirar al otro incluso cuando no cumple exactamente la imagen que habíamos creado.
Muchas veces no sufrimos porque falte amor.
Sufrimos porque la realidad no coincide con el sueño que construimos sobre cómo debería ser.
Y ahí aparece una oportunidad:
Mirar qué parte de ese sueño pertenece realmente a nuestro corazón y qué parte viene de una idea aprendida.
Porque quizá amar no es vivir siempre en la parte bonita de la historia.
Quizá amar también es aprender a encontrarnos en lo real.
En lo humano. En lo cambiante. En lo imperfecto.
Y desde ahí poder trascender la idea del amor que heredamos para descubrir una forma más consciente de amar.
Nieves Expósito
La Escuela del Alma