La Escuela Del Alma

La Escuela Del Alma 🌟 Fundadora de la Escuela del Alma.
🙏Acompañamiento en proceso de conciencia.
💫Un espacio para comprender tu historia.
💛volver a tí .

18/06/2026

Muchas veces juzgamos el amor desde nuestra propia historia.

Desde aquello que aprendimos. Desde aquello que vimos. Desde aquello que esperamos recibir.

Y desde ahí creemos saber si alguien nos ama correctamente o incorrectamente.

Pero ese juicio nace de una estructura interna que hemos construido sobre lo que creemos que es el amor.

Una estructura donde muchas veces hemos confundido amor con felicidad constante.

Como si amar significara estar siempre bien. Siempre ilusionados. Siempre sintiendo mariposas. Siempre viviendo una historia perfecta.

Como si el amor tuviera que mantenerse en ese estado idílico que hemos imaginado.

Pero la felicidad son momentos.

Son instantes.

Son experiencias que aparecen y se transforman.

El amor, en cambio, también habita en otros lugares.

En la presencia. En la escucha. En la capacidad de atravesar momentos difíciles. En poder mirar al otro incluso cuando no cumple exactamente la imagen que habíamos creado.

Muchas veces no sufrimos porque falte amor.

Sufrimos porque la realidad no coincide con el sueño que construimos sobre cómo debería ser.

Y ahí aparece una oportunidad:

Mirar qué parte de ese sueño pertenece realmente a nuestro corazón y qué parte viene de una idea aprendida.

Porque quizá amar no es vivir siempre en la parte bonita de la historia.

Quizá amar también es aprender a encontrarnos en lo real.

En lo humano. En lo cambiante. En lo imperfecto.

Y desde ahí poder trascender la idea del amor que heredamos para descubrir una forma más consciente de amar.

Nieves Expósito
La Escuela del Alma

17/06/2026

¿Cuánto miedo carga una persona que necesita quedar bien con todo el mundo?

¿Cuánto miedo hay detrás de ese movimiento constante de intentar agradar, adaptarse y evitar cualquier conflicto?

“Para que no se enfaden.” “Para que no se molesten.” “Para que todo esté bien.”

Pero pocas veces nos preguntamos:

¿Cuánto tengo que tragar para conseguir eso? ¿Cuánto tengo que callar? ¿Cuánto tengo que mover internamente para sostener que fuera todo parezca estar bien?

Porque muchas veces, para evitar el conflicto fuera, creamos un conflicto dentro.

Guardamos lo que sentimos. Apartamos nuestras necesidades. Silenciamos nuestras emociones.

Y detrás de todo ese movimiento hay un miedo más profundo:

El miedo a no ser buena. El miedo a no ser vista. El miedo a no ser valorada. El miedo a volver a sentir el abandono. El miedo a no ser suficiente para alguien.

Y desde ahí aparece esa necesidad de demostrar:

“¿Qué hago por ti?” “¿Qué necesitas de mí para quedarte?” “¿Qué puedo hacer para que no te vayas?”

Como si nuestro valor dependiera de todo lo que hacemos por los demás.

Como si para recibir amor tuviéramos que ganárnoslo.

Y así ponemos toda nuestra energía hacia fuera.

Intentando que los demás estén bien. Intentando que nadie se enfade. Intentando que nadie se aleje.

Pero pocas veces hacemos esa misma mirada hacia dentro:

“¿Qué necesito yo?” “¿Qué estoy sintiendo?” “¿Qué parte de mí estoy dejando atrás para que todo fuera funcione?”

Porque muchas veces creemos que lo hacemos por amor, por la familia o por cuidar a los demás.

Pero si observamos profundamente, muchas veces nace desde el miedo.

Desde una antigua necesidad de sentirnos seguros.

La verdadera conexión no nace de conseguir que todos estén cómodos.

Nace de poder estar presentes con nosotros mismos.

De poder amar sin abandonarnos. De poder cuidar sin desaparecer. De poder estar con otros sin dejar de estar con nosotros.

Nieves Expósito
La Escuela del Alma

14/06/2026

Gracias por darte el permiso de leer esas palabras.

Porque no se trataba solamente de que conocieras mi historia o de que sintieras lo que yo he vivido con mi niña.

El regalo más bonito es que hayas podido llevar esas palabras hacia la tuya.

Que hayas podido parar un instante y permitirte escucharla a través de ellas.

Yo también he tenido que aprender a conocer a mi niña, a estar presente con ella, a abrazarla en todo lo que sentía.

He podido mirar su luz, pero también su oscuridad.

He podido acompañarla en sus miedos, en sus heridas y en todo aquello que necesitaba ser visto.

Y quizás esas mismas palabras que han llegado a ti también son palabras que tu niña lleva mucho tiempo esperando escuchar.

Porque ella también vivió sus pequeñas experiencias.

También sintió mucho en ese pequeño corazón.

También tuvo que sostener cosas grandes con unas manos pequeñas.

Y quizás hubo momentos en los que hubiera necesitado que las personas adultas que estaban a su alrededor hubieran podido verla, comprenderla y acompañarla de otra manera.

Por eso, gracias por permitirte sentir a través de mí.

Porque en algún lugar, todo eso también habita dentro de ti.

El poder acercarte a esa niña, abrazarla, agradecerle todo lo que ha sostenido y reconocerla por haber llegado hasta este momento es un acto de amor enorme.

Quizás esas palabras que hoy llegan a ella son las palabras que durante mucho tiempo esperó recibir de quienes debían cuidarla.

Palabras de amor. De reconocimiento. De comprensión.

Y hoy puedes ser tú quien se las entregue.

Gracias por tu valentía y por permitirte mirar hacia dentro.

14/06/2026

En una de las sesiones apareció algo muy bonito: el encuentro con la propia sensibilidad.

Ese momento en el que un hombre puede descubrir su ternura, su capacidad de sentir, su cariño y su forma profunda de conectar.

Pero junto a ese descubrimiento también apareció una creencia muy arraigada:

“Si soy sensible, ¿dejo de ser hombre?”

Durante mucho tiempo hemos asociado la masculinidad con la dureza, con no mostrar emociones, con sostener, proteger y no necesitar nada.

Como si sentir, expresar o mostrar ternura fuera una pérdida de fuerza.

Pero quizá hemos confundido la fortaleza con la rigidez.

Porque la verdadera energía masculina no está en desconectarse de lo que siente.

Está en poder sostenerlo.

La sensibilidad no quita masculinidad.

La sensibilidad es precisamente la que permite conectar, comprender, amar y estar presente.

Un hombre no pierde su fuerza por sentir.

Al contrario.

Cuando un hombre puede habitar su ternura, su vulnerabilidad y su sensibilidad sin rechazarlas, aparece una forma más completa de estar en el mundo.

Muchas veces este rechazo viene de aprendizajes antiguos.

De lo que vimos en casa. De los roles que observamos. De la idea de que había que cumplir una imagen para sentirse suficiente.

Y entonces aparece una herida más profunda:

“Si no soy ese hombre fuerte que sostiene todo, ¿soy suficiente?”

Pero la capacidad de sostener no nace de esconder una parte de ti.

Nace de integrar todas tus partes.

La fuerza y la sensibilidad. La firmeza y la ternura. La presencia y la emoción.

Porque la verdadera masculinidad no necesita apagar la sensibilidad para existir.

La necesita para estar completa.

Nieves Expósito
La Escuela del Alma

10/06/2026

Muchas personas que llegan a una sesión ni siquiera saben realmente por qué están ahí.
A veces llegan por una sensación de malestar, por un conflicto, por una relación que duele, por una tristeza, una frustración o una sensación de estar estancadas.
Y muchas veces se sorprenden de todo lo que aparece.
Se sorprenden de lo que dicen.
De lo que sienten.
De lo que descubren.
Incluso hay personas que sienten miedo.
O desconcierto.
Porque estamos tan desconectados de nosotros mismos que cuando toda esa información aparece... puede impresionar.
Puede generar rechazo.
Puede asustar.
Y es completamente normal.
Nadie nos enseñó a mirarnos por dentro.
Incluso escuchamos frases como:
"¿Cómo sabías eso?"
"¿Cómo has podido verlo?"
"Mira todo lo que me sacaste."
Pero la realidad es que nada de eso viene de fuera.
Toda esa información ya estaba dentro de ti.
Simplemente no habías aprendido a mirarla.
El propósito de una sesión no es que dependas de quien te acompaña.
El propósito es que aprendas a mirarte.
Que puedas sostener lo que aparece sin necesidad de huir de ello.
Poco a poco. Con presencia. Con responsabilidad. Con amor.
Hasta que un día descubres que la paz y la plenitud no eran algo que tenías que conseguir.
Eran tu estado natural.
Solo estaban ocultas bajo capas de dolor que nunca habían sido escuchadas.
"Nada de lo que aparece en una sesión viene de fuera.
Todo estaba esperando ser escuchado dentro de ti."
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Nieves Expósito · La Escuela del Alma

08/06/2026
05/06/2026

Muchas veces vemos la vida a través de nuestras creencias, de cómo fuimos educados y de todo lo que nos dijeron que era bueno o malo.
Desde ahí construimos nuestra realidad.
Desde ahí observamos a los demás, juzgamos cómo deberían ser, cómo deberían vivir, si lo están haciendo bien o mal.
Y esto también ocurre con nuestros hijos.
Nuestra mirada está constantemente sobre ellos. Pero lo que muchas veces no vemos es que no estamos mirando realmente a nuestro hijo, sino toda la información acumulada que proyectamos sobre él.
Por eso somos capaces de decir:
"Tienes que cambiar."
"Deberías hacerlo mejor."
"No tendrías que hacer eso, sino aquello."
Y entonces aparece una frase muy común:
"Me duele verlo así."
Pero... ¿de dónde sale ese dolor?
¿Quién lo está sintiendo realmente?
¿Quieres que sea diferente para evitar su sufrimiento, o para evitar el tuyo?
Seguimos haciéndonos los fuertes. Esperando que algo cambie. Juzgando. Resistiendo.
Sin saber que esos juicios y esa incomodidad que sentimos hacia los demás hablan más de nosotros que de la persona a la que señalamos.
Y al sostenernos en ese lugar, lo único que sostenemos es nuestro propio dolor.
Porque esa persona, sin quererlo, nos recuerda una herida que llevamos dentro y de la que aún no queremos hacernos responsables.
Quizá no se trata de cambiar al otro.
Quizá se trata de mirar hacia dentro.
Nieves Expósito — La Escuela del Alma

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