13/06/2026
Hay recuerdos que no se van, solo cambian de forma con el tiempo.
Una infancia entre Long Island y New York, donde el mundo parecía infinito visto desde el jardín de mis abuelos, jugando con mi hermana hasta que caía la tarde sin darnos cuenta.
Cuando iba al colegio, pequeñas escapadas que entonces eran grandes aventuras, y esos campos de fresas donde el verano sabía distinto porque las recogías tú mismo.
Jones Beach era ese lugar donde todo se simplificaba: sol, arena y tiempo detenido. El Natural History Museum de New York, donde todo era más grande que la imaginación y cada sala era un descubrimiento.
“The Alamo”, el restaurante Tex Mex de mi tío Nel, siempre lleno de vida, de familia y de esa energía tan de ciudad que se queda contigo. Navidades en Rockefeller Center, patinando entre luces y frío, como si New York se hubiera vuelto de cristal.
Y momentos más íntimos, como en el Ritz, con mi abuela y mis tres hermanas, donde todo era calma dentro del movimiento.
Todos estos recuerdos, y muchos más, forman mi infancia en New York.
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My childhood was shaped by unforgettable memories between Long Island and New York. I spent endless afternoons playing in my grandparents’ garden, enjoyed adventures with my sister, and picked strawberries in the summer fields.
Some of my favorite memories include days at Jones Beach, exploring the Natural History Museum, family gatherings at my Uncle Nel’s Tex-Mex restaurant, “The Alamo,” and skating at Rockefeller Center during Christmas.
I also treasure quieter moments with my grandmother and my three sisters at The Ritz. Together, these experiences and many others define my childhood in New York.