01/06/2026
Un post más personal esta mañana pero tenía ganas de compartir con vosotr@s lo que me pasó este fin de semana.
Fuimos a pasar el día en el campo. Sol, naturaleza, el sonido del agua… y de repente mi hijo se para frente a unas tiendas de campaña y sus ojos se iluminan.
"Mamá. Tenemos que hacer esto. Dormir aquí, en medio de todo esto."
Y yo, por dentro: Uff. Una tienda de campaña. Hace años que no duermo en el suelo. Qué pereza.
Sí, lo pensé. Os lo digo de verdad.
Pero entonces algo pasó. Me paré un segundo. Respiré. Y me pregunté: ¿cuándo fue la última vez que dije que sí a algo incómodo por él?
Y la respuesta llegó rápida.
Claro que sí.
No por obligación. No por culpa. Sino porque de repente recordé para qué quería ser madre.
Quería ser esa madre todoterreno. La que se ensucia las rodillas, la que improvisa, la que está presente de verdad aunque no sea perfecto, aunque haga calor, aunque no duerma del todo bien.
Porque dentro de diez años, mi hijo no va a recordar la película que pusimos ese viernes o la pistoleta de agua super chula que le compramos para su cumple.
Pero va a recordar la noche que durmió bajo las estrellas con sus padres. La que dijo que sí.
Y yo también.
A veces ser mamá no es hacerlo todo bien. Es saber cuándo parar. Cuándo escuchar. Cuándo dejar que la aventura te encuentre aunque no la tuvieras planeada.
¿Hay algo que tus hijos te hayan pedido últimamente y tú hayas pospuesto? Ya sabes, nunca es tarde para reconducirlo💛