15/10/2026
Los colores son para descansar la vista, el silencio profundo para hablar con el mundo invisible, la memoria para guardar exclusivamente buenos recuerdos, el valor para ahuyentar temores, las manos para convertirlas en caricias, los amaneceres para consagrar el inicio del nuevo dia, las cadenas para romperlas oportunamente, los caracoles para hacer constar nuestra fugacidad, los pájaros para advertirnos la importancia de volar a otras dimensiones, los latidos para recordarnos que estamos vivos. La vida es una escuela iniciática donde continuaremos la evolución que ha comenzado en otra parte.
Aquí aprenderemos el sagrado arte de vivir, esa suprema artesanía que hilvana instantes y detalles, momentos y aprendizajes sin perder de vista la eternidad que nos acuna. Precisamos aprender a aprender desde el alerta sereno y el apoyo del compañero; si existe la soledad, ella es también una buena compañía, hay cosas que es mejor hacerlas sola.
Si despliegas el alerta sereno, descubrirás que todo es información, pero que, sin embargo, esta siempre será periférica y extrema, que precisas llevarla a la reflexión, a meditación y diálogo para reconvertirla en conocimiento, que este a su vez requiere ser aclimatado a la coyuntura existencial en la que te encuentras para adquirir la condición de sabiduría, es decir para inscribirse en tu campo energético modificando tu nivel de conciencia. A eso llamamos aprender a aprender, es una manera de abordar nuestra incompletud, de convertir las cenizas en brasas, encender el crecimiento y abarcar todos los instantes que nos provee la fugacidad hecha presente.
Aprender es sumergirse en la humildad, encarnar la atención, agradecer la oportunidad, atrapar la enseñanza, disfrutar del proceso y conmovernos con cada detalle.
Chamalú