15/06/2026
Hace años pensaba que buscar la perfección en todo lo que hacía era algo bueno. Con los años he aprendido que eso me lleva a una gran autoexigencia, y cuando no sabes parar, incluso al agotamiento.
También he aprendido que el perfeccionismo no es mi enemigo. Es una parte de mí que aprendió, hace mucho, que solo siendo impecable me sentiría vista, reconocida, valorada.
¿Te identificas?
El perfeccionismo nos cuida como sabe: exigiéndonos sin descanso, para que nadie vea la parte vulnerable que hay debajo de esa máscara.
Su intención es buena. Lo que pesa es cómo lo hace.
Como bien lo nombra Brené Brown, el perfeccionismo puede ser como un escudo muy pesado: te protege, sí, pero te esconde justo donde más necesitabas que te vieran.
Y sostener ese escudo agota.
Por eso, tantas veces, detrás de la exigencia perfecta hay alguien profundamente cansado.
No se trata de luchar contra esa parte.
Se trata de agradecerle lo que ha intentado hacer por ti… y mostrarle, con ternura, que ya estás a salvo. Que ya no eres aquel niño o niña que tenía que ganarse el amor.
🤍 ¿Qué parte de ti llevas años escondiendo detrás de hacerlo todo bien?
Si algo de esto resuena contigo, escríbeme. Te acompaño en tu proceso.