24/08/2026
Hoy os explico un caso real que veo con frecuencia en consulta.
Un paciente con una hernia discal diagnosticada había dejado de flexionar la espalda porque tenía miedo de empeorar su lesión. Como consecuencia, cada vez se movía menos, se sentía más rígido y tenía más limitaciones en su día a día.
Durante la valoración realizaba sin darse cuenta movimientos muy parecidos a los que evitaba por miedo, pero sin experimentar ningún problema. Fue entonces cuando empezó a entender que muchas veces el dolor no depende únicamente de la estructura lesionada.
Empezamos con movimientos sencillos, progresivos y adaptados a su situación. Poco a poco recuperó la confianza y volvió a moverse con normalidad. Cuanto más comprobaba que podía moverse sin consecuencias, menos necesidad tenía su cuerpo de protegerse.
A veces el problema no es el movimiento. El problema es el miedo al movimiento.