13/06/2026
El otro día, mientras esperaba en una sala de espera médica, escuché a un profesional decirle a una madre:
"Es imposible que los niños mejoren cuando los padres no colaboran."
Y me fijé en ella.
Llevaba a su hijo mayor de la mano y trataba de calmar al bebé que sostenía en brazos mientras, al mismo tiempo, intentaba prestar atención a lo que le estaban diciendo. Y me quedé pensando en cómo se sentiría escuchando aquello y en qué estaría sosteniendo en su día a día.
Con frecuencia hablamos de madres y padres "poco implicados". Pero quizá la pregunta no sea cuánto se implican, sino cuánto estamos comprendiendo de la situación familiar y personal.
Las familias son el eje de cualquier intervención con la infancia. Por eso, antes de pedir, enseñar o estructurar, necesitamos comprender, validar y acompañar.
Porque una intervención que no tiene en cuenta la realidad y las posibilidades de cada familia puede incrementar la culpa, la vergüenza y el miedo a sentirse cuestionados, favoreciendo el abandono de consultas y tratamientos. Y cuando eso ocurre, quienes más pueden perder son los niños y niñas.
# CentroChavert