12/11/2020
El equilibrio en las relaciones entre padres y madres con sus hijos e hijas supone que son las figuras adultas y de apego las que tienen el poder, no para ejercerlo de manera autoritaria o rígida, sino para hacerlo con cariño, consistencia en los límites y normas, sensibilidad a las necesidades y comunicación adaptada al desarrollo evolutivo.
Cuando este equilibrio no se da, madres y padres pierden su sitio, que lo cogen hijas e hijos, haciéndose cargo de responsabilidades que no le corresponden.
El trabajo terapéutico es con ambas partes: con las figuras adultas para que retomen su espacio en el sistema familiar, y con menores para que vuelvan a ocupar el espacio infantil de aprendizaje, de ser cuidadas, de desarrollo ajustado a su etapa vital.
Cuando niñas y niños se convierten en personas adultas, el trabajo pasa por reconocer el sitio que se ha ocupado (o se sigue ocupando) en la familia y la función que tenía en ese momento. También cómo eso ha podido influir en cómo se relacionan ahora con otras personas (amistades, pareja...), para decidir cómo quieren seguir posicionándose en ellas de forma más saludable.
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[Viñeta de Flavita Banana]