23/09/2026
Un estudio reciente, retrospectivo, publicado el 8 de agosto demuestra que los bebés nacidos durante el periodo de racionamiento de azúcar en Inglaterra tras la Segunda Guerra Mundial crecieron hasta convertirse en adultos con un menor riesgo de cáncer.
La pregunta es:
¿Podría la cantidad de azúcar que consumiste antes de cumplir dos años determinar tu salud décadas más tarde, incluso al llegar a los 70 años?
Un estudio retrospectivo reciente sugiere que la respuesta podría ser afirmativa. Las personas que estuvieron menos expuestas al azúcar durante sus primeros años de vida tuvieron muchas menos probabilidades de desarrollar diversos tipos de cáncer en etapas posteriores, además de mostrar signos de un envejecimiento biológico más lento. También se descubrió que, incluso en la edad adulta, seguían consumiendo menos azúcar y mantenían dietas más saludables en general.
No es una cuestión fácil de estudiar en la vida real. Obviamente, los investigadores no pueden realizar tal experimento con bebés reales: dividirlos en grupos, alimentar a uno de ellos con azúcar y esperar 70 años para ver qué sucede.
El racionamiento de azúcar en Gran Bretaña tras la guerra ofreció una alternativa excepcional. Después de la Segunda Guerra Mundial, el azúcar siguió racionado en Gran Bretaña durante varios años. Sin embargo, en septiembre de 1953, el racionamiento llegó a su fin y la población comenzó a consumir mucho más azúcar; el consumo prácticamente se duplicó. Esto significó que niños nacidos con apenas unos meses de diferencia estuvieron expuestos a niveles muy distintos de azúcar, tanto en el útero como durante la primera infancia.
Para el estudio, se utilizaron datos de más de 64.000 personas nacidas en Gran Bretaña entre 1951 y 1956. Quienes nacieron antes pasaron una mayor parte de sus primeros 1.000 días bajo el racionamiento de azúcar, mientras que los nacidos más tarde experimentaron progresivamente menos tiempo bajo estas restricciones.
Por «primeros 1.000 días» se entiede el periodo que abarca desde la concepción hasta el segundo cumpleaños del niño. Se trata de una etapa crítica, ya que el cuerpo se desarrolla con gran rapidez: los órganos crecen, el metabolismo se configura y el sistema inmunitario madura.
Durante este periodo también comienzan a formarse las preferencias alimentarias y los gustos. Aunque 1.000 días es un lapso relativamente breve, los efectos del entorno alimentario durante esta etapa pueden perdurar a lo largo de toda la vida de una persona.
Para realizar el seguimiento de los casos de cáncer, se utilizó el UK Biobank, una enorme base de datos sanitaria que hace un seguimiento de los participantes durante décadas y registra, entre otras cosas, quién desarrolla cáncer y en qué momento. Se descubrió que las personas que experimentaron períodos más largos de racionamiento de azúcar durante sus primeros 1.000 días de vida presentaron una menor incidencia de cinco tipos de cáncer: de mama, próstata, hígado, recto y pulmón. El efecto fue más pronunciado en el cáncer de hígado, con tasas aproximadamente un 69 % más bajas, y menos intenso —aunque igualmente significativo— en el cáncer de mama, con una reducción del 36 %. Cabe destacar que estas diferencias solo comenzaron a manifestarse décadas después de que hubiera finalizado el racionamiento de azúcar.
Asimismo, se encontró que la exposición al racionamiento de azúcar está relacionada con el envejecimiento biológico. La edad biológica no es lo mismo que la edad cronológica; dos personas pueden tener 70 años, pero sus células y sistemas inmunitarios mostrar distintos niveles de envejecimiento.
Una de las formas de medir el envejecimiento biológico es a través de la longitud de los telómeros. Los telómeros son estructuras protectoras situadas en los extremos de los cromosomas. A medida que las células envejecen, los telómeros tienden a acortarse.
Las personas que vivieron períodos más prolongados de racionamiento de azúcar durante sus primeros 1.000 días tenían telómeros más largos. Esta diferencia equivale a unos 2,2 años de envejecimiento biológico más lento.
También se detectraon niveles más bajos de una proteína llamada granzima B —cuyos niveles aumentan cuando el sistema inmunitario ha estado trabajando en exceso durante años—, lo que constituye otro indicio de un envejecimiento más lento a nivel celular. En conjunto, estos resultados sugieren que una menor exposición al azúcar en las primeras etapas de la vida podría estar relacionada con un envejecimiento celular más lento.
Sin embargo, lo más sorprendente no son los resultados sobre el cáncer ni los marcadores biológicos del envejecimiento, sino cómo la exposición al azúcar en los primeros años de vida siguió influyendo en la alimentación de las personas incluso 50 años después.
Quienes experimentaron el racionamiento de azúcar en una etapa temprana de su vida consumían menos azúcar al llegar a la edad adulta, concretamente alrededor de los 50 años. Asimismo, su ingesta calórica total era menor y su dieta, más saludable y variada. Esto sugiere que el nivel de endulzamiento al que se exponen las personas en una etapa muy temprana de la vida puede condicionar sus preferencias gustativas durante mucho tiempo.
Al parecer, intervienen dos mecanismos. Uno es de carácter biológico: la nutrición temprana puede influir en el desarrollo del metabolismo, los órganos y el sistema inmunitario. El otro es conductual: la preferencia por un menor nivel de endulzamiento, adquirida a una edad temprana, tiende a perdurar. Otras investigaciones basadas en el fin del racionamiento de azúcar en Gran Bretaña también han revelado que las personas expuestas a un mayor racionamiento de azúcar durante los primeros años de vida presentaban un menor riesgo de padecer diabetes tipo 2 e hipertensión. Un estudio reciente, que analizó ese mismo periodo de fin del racionamiento, halló un menor riesgo de demencia y enfermedad de Alzheimer, mientras que otro estudio informó de un menor riesgo de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares.
Esto no significa que los niños deban dejar de consumir azúcar por completo, ni implica en absoluto que el racionamiento de azúcar de la posguerra sea una política deseable. Lo que demuestra esta evidencia histórica es que, durante una etapa crítica del desarrollo, incluso diferencias relativamente pequeñas en la exposición al azúcar a lo largo de un periodo breve pueden dejar secuelas observables medio siglo después.
Seguro que los niños no recuerden lo que comieron antes de los dos años, desde luego yo no lo recuerdo. Sin embargo, su salud futura, su organismo e incluso sus preferencias gustativas podrían conservar la huella de esas experiencias de sus primeros años de vida.
Jesús Devesa