19/06/2026
“Como es arriba, es abajo.”
Esta frase resume una verdad que muchas culturas han reconocido desde hace siglos: lo que pensamos y sentimos se refleja directamente en nuestro cuerpo.
El estómago, conocido hoy como el segundo cerebro, es uno de los centros más sensibles del ser humano. Allí se acumulan los sustos, los disgustos, la ansiedad, la tristeza y todo aquello que la mente no logra procesar. Cuando una emoción fuerte nos impacta, puede provocar que el “pomo” en los hombres o la “madre” en las mujeres se suba, generando malestar, falta de apetito, insomnio, angustia o incluso estados depresivos.
Las tradiciones prehispánicas entendían perfectamente este fenómeno. Por eso existen técnicas ancestrales para “arreglar el estómago”, que no solo recolocan lo físico, sino que también bajan la energía desplazada, equilibran el campo emocional y devuelven a la persona su centro.
Pero el estómago no es el único guardián interno.
El corazón actúa como un cerebro emocional, y el sóleo, ese músculo profundo de la pierna, es considerado por muchas tradiciones como el punto que mantiene a la persona erguida, firme, conectada a la tierra y a su propósito. Cuando estos tres centros —estómago, corazón y sóleo— están en armonía, la persona se siente estable, vital y presente.
Porque el cuerpo habla.
Y cuando lo escuchamos, también sanamos el alma. Wiccas Canarias