28/08/2026
Podemos sostener durante mucho tiempo ritmos de vida que, en realidad, nos están sobrepasando…
Seguimos trabajando, resolviendo problemas y llegando a todo. Para poder conseguirlo el cuerpo activa todos los recursos necesarios para mantenernos en marcha y, mientras la exigencia continúa, parece que todavía podemos un poco más. Por eso, muchas veces no enfermamos en medio de la carrera, sino justo cuando nos paramos.
Así, llegan las vacaciones, termina un proyecto, baja la presión… y aparecen el agotamiento, la tensión acumulada, el insomnio, un resfriado o un sinfín de síntomas físicos difíciles de explicar. Es necesario descansar, pero justo cuando paramos el organismo deja de sostener la emergencia y empieza a mostrarnos todo aquello que no pudimos atender mientras seguíamos corriendo.
El cuerpo no nos castiga, nos habla. La práctica de mindfulness nos ayuda a reconocer mucho antes las señales que nos envía: la respiración acelerada, los hombros tensos, la irritabilidad, la dificultad para concentrarnos, la sensación de no llegar nunca. No podemos eliminar las continuas demandas de nuestra vida, pero podemos aprender a permanecer en equilibrio incluso cuando el entorno se vuelve exigente.
Cuidarnos no debe empezar cuando el cuerpo ya no puede más, sino detectar los avisos que nos manda para poder detenernos a tiempo y preguntarnos, con honestidad:
“¿Qué peso estoy sosteniendo de más y qué necesita ahora mi cuerpo de mí?”