20/10/2026
Informar no es meter miedo. Y prevenir no es culpabilizar a las madres.
He estado revisando una guía de 2019 elaborada por la Asociación Española de Matronas y he encontrado afirmaciones que merecen una revisión científica seria.
Por ejemplo, se afirma que con 8-9 centímetros de dilatación la epidural deja de estar indicada porque sus riesgos superan los beneficios. Eso no es una contraindicación automática.
Y se incluye publicidad de un colchón que promete reducir un 72 % el riesgo de muerte súbita del lactante. Una reducción de mortalidad de esa magnitud necesita evidencia clínica, y no está demostrada.
¿Por qué me preocupa especialmente?
Porque una mujer no debería llegar al parto creyendo que necesitar analgesia significa estar mal preparada. Ni unos padres deberían pensar que, si no compran determinado producto, están poniendo en peligro a su bebé.
Y, sobre todo, porque informar sobre los factores de riesgo no debería convertirse en responsabilizar a las familias de cualquier desenlace adverso.
Quiero dejar algo muy claro: las matronas son profesionales fundamentales en la salud de las mujeres, el embarazo, el parto y el puerperio. Su labor es imprescindible, y cuestionar afirmaciones de una guía no significa cuestionar a todo un colectivo.
Estos materiales pueden perpetuar información desactualizada por pura inercia. Muchas profesionales no participan en su elaboración y no sería justo atribuirles individualmente lo que aparece publicado.
Pero precisamente porque confiamos en los profesionales sanitarios, tenemos la responsabilidad de revisar, corregir y actualizar aquello que transmitimos. También de distinguir la información científica de la publicidad.
No necesitamos madres más asustadas. Necesitamos mujeres mejor informadas, profesionales respaldados por evidencia y decisiones compartidas.
La evidencia científica no es un ataque a ninguna profesión. Es una herramienta para cuidar mejor.
Y reconocer un error no desprestigia a una profesión sanitaria.