02/09/2026
En psicología hablamos de efecto del coste hundido cuando tendemos a mantener una decisión porque ya hemos invertido en ella tiempo, dinero, esfuerzo o energía emocional, aunque esa inversión ya no pueda recuperarse.
Nuestro cerebro puede interpretar abandonar como “desperdiciar todo lo anterior”, favoreciendo pensamientos como:
“Después de todo lo que he invertido, no puedo dejarlo ahora.”
El problema es que lo que ya hemos invertido no cambia el valor de las opciones que tenemos delante.
En la ludopatía, por ejemplo, una persona puede seguir apostando para recuperar el dinero perdido. Pero cada nueva apuesta es una decisión independiente: las pérdidas anteriores no aumentan las probabilidades de ganar la siguiente.
También puede aparecer al plantearnos un cambio profesional. Haber dedicado años a una formación o profesión no significa que tengamos que permanecer en ella si ya no encaja con nosotros. Lo aprendido no desaparece por cambiar de camino.
Una pregunta útil para detectar este sesgo es:
“Si hoy empezara desde cero, sabiendo lo que sé ahora, ¿elegiría seguir por este camino?”
No se trata de ignorar nuestra historia ni de abandonar impulsivamente. Se trata de no permitir que lo que ya no podemos recuperar determine por sí solo lo que decidimos hacer a partir de ahora.
Lo que has invertido explica cómo llegaste hasta aquí. No necesariamente determina hacia dónde tienes que ir.