03/09/2026
Otra vez ....
Cuando el miedo se convierte en negocio: la grave responsabilidad de jugar con el sufrimiento ajeno
Esta mañana he vivido en consulta una situación real que consideré necesario compartir. No para señalar públicamente a ninguna persona concreta, sino porque detrás de lo sucedido existe una reflexión mucho más importante sobre la mediumnidad, la responsabilidad, el miedo y los límites que jamás deberían traspasarse cuando alguien deposita en nosotros su confianza.
Llegó a consulta una persona profundamente preocupada,dañada emocionalmente e inevitablemente mentalmente.Alguien le había asegurado anteriormente que sobre ella existía un supuesto «trabajo» de brujería muy bien orquestado y que ese trabajo era responsable de una serie de acontecimientos negativos que estaban sucediendo en su vida desde hace ya un largo tiempo.
La afirmación no había quedado simplemente en una opinión o en una posibilidad. Había penetrado en la persona como una certeza y, con ella, había aparecido el miedo,la ansiedad y con ello provocando una serie de acontecimientos desastrosos por la angustia insertada en su ser.... ...
Es fácil entender que Cuando alguien atraviesa dificultades personales, familiares, económicas o emocionales, es relativamente fácil comenzar a relacionar acontecimientos que quizá no tienen ninguna conexión entre sí. Y si en ese momento aparece alguien revestido de una supuesta autoridad espiritual y afirma categóricamente: «Te han hecho algo», la persona puede empezar a interpretar absolutamente todo desde esa idea.
Y Un problema deja de ser simplemente un problema para convertirse en una cadena de desastrosos acontecimientos, ya que todo tendrá ese supuesto sentido .
Y poco a poco puede construirse alrededor de la persona una auténtica prisión de miedo.
Lo que encontré hoy en consulta
En el caso que he atendido esta mañana, no encontré fundamento alguno que justificase afirmar que esa persona estuviera sufriendo el supuesto trabajo que le habían asegurado que tenía.
Sin embargo, sí había algo tremendamente real: las consecuencias que aquella afirmación estaba provocando en ella.
La persona había entrado en un estado de preocupación, nerviosismo, inquietud y miedo constante. Le costaba descansar adecuadamente y mantenía un estado de alerta permanente.
Además, refería lumbalgia, dolor cervical y una importante sensación de rigidez muscular ,incluso accidentes que no deberían a ver ocurrido por un falta de descanso y atención necesaria en su trabajo.
Conocemos perfectamente que los estados mantenidos de ansiedad y estrés pueden alterar el sueño, aumentar la tensión muscular y contribuir a intensificar determinados dolores.
Por tanto, había una enorme paradoja:
el supuesto daño espiritual que tanto miedo le producía no era lo que yo estaba encontrando; pero el miedo que le habían implantado sí estaba comenzando a ocasionarle un sufrimiento verdadero.
Y esto es precisamente lo que debería hacernos reflexionar.
Primero se crea el miedo y después se vende la solución
La situación adquiere todavía mayor gravedad cuando después de comunicar a una persona que supuestamente está siendo víctima de algo terrible se le ofrece, a cambio de una cantidad brutal e importante de dinero, el procedimiento necesario para eliminarlo.
Aquí aparece una cuestión ética fundamental.
Si una persona provoca o incrementa deliberadamente el miedo de alguien vulnerable mediante afirmaciones que no puede sostener responsablemente y después convierte ese mismo miedo en una fuente de beneficio económico, ya no estamos simplemente ante una interpretación espiritual diferente.
Estamos ante algo mucho más serio.
Ya que existe una enorme diferencia entre ayudar a una persona que libremente solicita un servicio y crear primero una necesidad inexistente para posteriormente cobrar por solucionarla.
Especialmente cuando se utilizan frases como:
«Te han hecho un trabajo».
«Esto va a empeorar».
«Tienes algo muy fuerte».
«Si no lo quitamos te ocurrirán más desgracias».
«Solamente yo puedo ayudarte».
Ese tipo de afirmaciones pueden generar dependencia, angustia y vulnerabilidad.
Y cuando, además, detrás aparece una exigencia económica desproporcionada, debemos preguntarnos dónde termina la espiritualidad y dónde comienza la explotación del miedo.
Allan Kardec ya advirtió sobre ello
Resulta especialmente significativo comprobar que este problema no es nuevo.
Allan Kardec dedicó precisamente una parte de El Libro de los Médiums al «Charlatanismo y juglería» y, dentro de ese capítulo, habló expresamente de los médiums interesados.
Kardec advertía que convertir este terreno en objeto de explotación podía favorecer el charlatanismo y consideraba que el interés económico justificaba una vigilancia y un examen especialmente rigurosos.
«La mediumnidad es una facultad dada para el bien».
Y añade que los intereses egoístas pueden desviar completamente la finalidad de esa facultad con las consecuencias desastrosas que habrá que encarar.
Esta frase debería permanecer presente en la conciencia de cualquiera que se considere médium.
Porque una facultad destinada al bien no puede convertirse en instrumento para someter, asustar o manipular a otro ser humano.
Kardec introduce además una precisión que considero fundamental para no caer tampoco en juicios simplistas: no afirma que cualquier médium que reciba una retribución sea necesariamente deshonesto. Diferencia claramente entre quien puede recibir una compensación dentro de una actividad ejercida con seriedad y quien convierte deliberadamente la mediumnidad en especulación.
Por tanto, la cuestión no es simplemente cobrar o no cobrar.
La cuestión es qué hacemos con la vulnerabilidad de quien tenemos delante.
Ser médium no concede autoridad sobre la vida de nadie
Una de las mayores equivocaciones que pueden aparecer alrededor de la mediumnidad es pensar que poseer una determinada sensibilidad espiritual sitúa al médium por encima de los demás.
Es exactamente lo contrario.
Cuanto mayor sea la capacidad que creemos haber recibido, mayor debería ser nuestra responsabilidad al utilizarla.
Un médium no sentencia,no siembra terror ni mucho menos intenta Apropiarse de la voluntad de otro.
No debería crear dependencia como si fuera cuota de gimnasio mensual. ( Muy común)
Y, sobre todo, jamás debería utilizar el dolor de una persona como mecanismo para enriquecerse.
Cuando alguien llega a consulta asustado, nuestra primera obligación humana debería ser ayudarle a recuperar serenidad y capacidad de discernimiento.
No añadirle nuevos temores.
Si observamos algo, debemos comunicarlo con prudencia.
Y cuando no encontramos aquello que la persona teme, debemos decírselo con claridad.
Porque el «no veo nada que justifique ese miedo» puede ser infinitamente más importante para alguien que cualquier demostración de supuestas facultades extraordinarias.
El daño de la sugestión también es daño
Hay otro aspecto que considero necesario mencionar.
A veces parece que mientras no exista una agresión física no existe verdadero perjuicio.
No es así.
Introducir deliberadamente miedo en una persona vulnerable puede modificar su forma de interpretar la realidad.
Puede hacerla vivir pendiente de señales.
Puede deteriorar su descanso.
Puede generar conflictos con familiares o personas de su entorno al empezar a sospechar quién pudo haberle hecho aquello.
Puede conducirla a gastar cantidades de dinero que quizá necesita para cuestiones mucho más importantes.
Y puede hacer que cualquier nuevo problema sea interpretado como una confirmación del supuesto ataque.
Así nace un círculo de experiencias desastrosas.
Y ninguna práctica que verdaderamente pretenda estar al servicio del bien debería necesitar encadenar a nadie.
También debemos atrevernos a denunciar los abusos
Y aquí quiero ser muy claro.
Cuando existen indicios razonables de que una persona está siendo deliberadamente engañada, intimidada o sometida a fuertes pérdidas económicas mediante amenazas o afirmaciones destinadas a provocar miedo, no debemos normalizarlo bajo la excusa de que se trata de una cuestión espiritual.
Si existen pruebas de una posible estafa, coacción, amenaza o abuso económico, la persona afectada puede buscar asesoramiento profesional o poner los hechos en conocimiento de los organismos y autoridades competentes.
Denunciar un posible abuso no significa perseguir las creencias espirituales de nadie.
La libertad espiritual merece respeto.
La explotación del sufrimiento humano, no.
Una reflexión para quienes ejercemos la mediumnidad
Quienes hemos decidido servir como médiums deberíamos preguntarnos de vez en cuando algo muy sencillo:
¿La persona que acaba de estar conmigo se marcha más libre o más dependiente de mí?
¿Ha recuperado su capacidad para decidir o siente que solamente yo puedo salvarla?
¿Le he ayudado a comprender o he utilizado aquello que teme para convertirme en imprescindible?
Tal vez ahí se encuentre una de las pruebas morales más importantes de la mediumnidad.
Porque podemos equivocarnos..
La humildad consiste precisamente en admitir esa posibilidad.
Lo ocurrido esta mañana me ha vuelto a recordar algo esencial
Hoy no he tenido delante simplemente un caso relacionado con una supuesta brujería.
He tenido delante a una persona sufriendo por algo que alguien le había hecho creer.
Y eso merece tanta atención como cualquier otro sufrimiento.
Se que este artículo va a escocer profundamente a los mercenarios del sufrimiento.....no obstante luz y progreso para todo ellos.
Se despide tú hermano de
La Botica Universal