10/08/2025
Más Allá del Título, Más Allá de la Técnica
Llevo 30 años entrenando distintas artes y con distintos maestros, pero jamás encontré la energía que existe en el Hakkō Dentō-ryū de la familia Okai. La escuela es una verdadera kazoku, familia, y todos sus miembros compartimos experiencias sin cortapisas. La alegría del reencuentro con viejos compañeros es inmensa. El sudor compartido sobre los familiares tatami del honbu dōjō es la sangre que corre por nuestras venas.
Esta última semana, en Oporto, he vivido como uchideshi un curso de Shihan junto a Rafael Gonçalves, representante de la Escuela en Polonia, bajo la guía directa de nidai sōke Okai Ryutaro. Han sido días intensos de Yawara, Shiatsu, Kikō y artes de salud, con lecciones transmitidas ishin denshin, de corazón a corazón.
Contamos con la ayuda incansable de Sérgio Miguel Andrade y Wallace Freitas, al 100% en todo momento; con Maria Alexandra, siempre presente entre bastidores pero dispuesta a intervenir cuando hacía falta; y con la Sra. Rosario, cuyo apoyo constante y cercanía hicieron más ligero el camino.
Como dice Okai Sensei, el Maestro no busca seguidores, sino inspirar a otros a caminar por sí mismos. La maestría no es no caer, sino levantarse incluso con las manos temblando, dispuesto a volver a intentarlo. A veces, las pruebas nos atan con cuerdas que parecen imposibles de soltar, pero es en la rendición —no como derrota, sino como apertura— donde surge el movimiento que nos libera.
Gracias a Okai Ryutaro, actual sōke, y a Okai Yoshishige, fundador; a Sérgio, Alexandra, Wallace, la Sra. Rosario, Rafael y a todos los que forman esta gran familia.
Al finalizar el curso, tras una emotiva ceremonia con demostración técnica, Rafael y yo recibimos el Menkyo Shihan (免許師範). Un momento que marca no un final, sino el inicio de una responsabilidad mucho mayor: custodiar el legado recibido, vivirlo en cada gesto y transmitirlo sin reservas.
No se trata de llevar un título.
Se trata de convertirse en la lección.
Y ese camino… acaba de empezar otra vez.
Viejo tatami,
el sudor y la calma
tejen maestros.