08/08/2026
La culpa después de comer no te ayuda. Te hunde más.
Comes algo que “no tocaba”. Y empieza la voz: “soy un desastre”, “no tengo voluntad”, “siempre igual”. Esa culpa te genera estrés. Y el estrés dispara más ganas de comer. Y así el ciclo se repite.
El daño no lo hace lo que comes. Lo hace lo que te dices después.
En este carrusel te explico por qué la culpa alimenta el descontrol y 5 formas de empezar a romper ese patrón.
¿Te machacas después de comer? Cuéntamelo en comentarios.