28/04/2026
No estoy pintando un muro… estoy recordando algo que nunca se fue de mí.
Sostengo el pincel y, antes de tocar la piedra, cierro un instante los ojos, porque lo que voy a trazar no nace en la pared, nace en lo que siento. Cuando dibujo la primera línea, no la pienso, la reconozco. Y ahí aparece el conejo, ese mismo que desde niña veía en el rostro de la luna sin saber cómo nombrarlo. Hoy lo vuelvo a mirar, pero ya no como una figura lejana, sino como una presencia que me habla, que me observa igual que yo la observo.
Mientras delineo su cuerpo, siento cómo todo a mi alrededor comienza a moverse con más sentido. La luna no es solo luz… es un pulso. Es ese ritmo que hace crecer el líquido dentro de la tierra, el que sube por las raíces, el que llena los magueyes hasta hacerlos brotar. He visto ese néctar salir espeso, brillante, como si la tierra misma ofreciera alimento, y en ese instante comprendo que es el mismo flujo que sostiene la vida, el mismo que también habita en mí.
Por eso rodeo al conejo con formas que parecen fluir, porque nada de esto está quieto. Todo respira. Todo se transforma. Y cuando levanto la mirada, las estrellas me devuelven la mirada. No están lejos. Están presentes. Son como pequeñas llamas que nos acompañan, que nos recuerdan que no estamos solos en este tejido. A veces, cuando la noche es clara, me quedo observándolas y siento que algo en mí se alinea, como si pudiera entender sin palabras lo que siempre estuvo ahí.
Pintar este glifo es mirarme. Es entender que no estoy separada de lo que dibujo. El conejo en la luna no es un símbolo… es una forma de comprender el movimiento, el ciclo, el cambio constante. Así como la luna crece y se oculta, así también lo hace mi pensamiento, mis emociones, mi vida. Y en lugar de resistirme a eso, aprendo a caminar con ello.
Recuerdo cuando de niña solo veía formas bonitas, figuras curiosas. Hoy veo relaciones, conexiones, sentido. Veo que el líquido que alimenta la tierra es el mismo que nutre nuestros cuerpos. Veo que las estrellas no son puntos lejanos, son parte de un orden que también me incluye. Y entonces dejo de pintar por fuera… y empiezo a comprender por dentro.
Si algo dentro de ti se mueve al leer esto, no lo ignores. Es esa misma memoria que también vive en ti.
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