20/05/2026
Ser psicóloga no nació solo de estudiar una carrera.
Nació de una niña que aprendió a observar demasiado, a sentir demasiado y a hacerse preguntas que otros no se hacían.
De crecer creyendo que tenía que ser fuerte, responsable y “hacer todo bien”.
De vivir momentos donde también hubo cansancio, ansiedad, dudas y dolor… pero aun así seguir adelante.
Hoy acompaño a otros a entender su mente, sus emociones y su historia, porque sé lo que se siente cargar cosas en silencio.
Y aunque amo profundamente mi profesión, también quiero decir algo importante: los psicólogos también somos humanos.
También nos cansamos.
También lloramos.
También nos equivocamos.
También seguimos trabajando en nosotros mismos.
Pero quizá justo ahí está la magia de esta profesión: en usar nuestras propias heridas con responsabilidad, empatía y preparación para ayudar a otros a sentirse menos solos 🩷.