10/06/2020
Posturas del yoga restaurativo
Todas las posturas tienen un componente restaurativo al estirarnos y soltar tensiones, crear espacio en el cuerpo y en nuestros pensamientos, generar el equilibrio interior que promueve la una salud plena, ayudarnos a respirar mejor y hacer que la actividad mental disminuya. Pero el yoga restaurativo va más allá, porque sólo nos exige que estemos plenamente presentes en nuestro cuerpo mientras hacemos un trabajo físico pasivo y uno muy profundo y meditativo. Es el yoga de la ausencia perfecta de esfuerzo físico pero que involucra atención e intención.
El yoga restaurativo incorpora las más conocidas posturas de relajación como la Postura del niño (Balasana), Savasana o Kakrasana (la postura del Cocodrilo), algunas veces con elementos que pueden ayudar a que haya mayor comodidad. También incluye versiones modificadas de otras posturas, por ejemplo Paschimottanasana (postura de la cabeza en las rodillas) que incluye la utilización de varias cobijas o cojines sobre los muslos para sostener el torso, o la Postura del ángulo unido (Supta baddha konasana) con los apoyos que sean necesarios bajo las rodillas y el torso. Por lo general, esta forma de yoga se basa en posturas supinas o sentadas.
Qué esperar de una sesión
El yoga restaurativo es una especie de terapia física, psicológica y emocional. Una clase es una sesión característicamente tranquila, lenta y suave. Algunas comienzan un algo de movimiento para calentar el cuerpo e inducir la relajación. Puede haber luz baja y te pueden pedir que te cubras los ojos o que te cubras con una cobija. Con cada postura te mostrarán además diferentes accesorios para lograrla sin esfuerzo de tu parte. Sólo debes relajar tu cuerpo y tus pensamientos. Es esencial que en cada postura tengas el apoyo adecuado, ni más ni menos de lo que necesitas y esto será subjetivo.
El criterio es que se sienta bien. Algunas posturas se mantienen hasta por 20 minutos.
Durante la sesión suele haber un ambiente muy íntimo para propiciar la relajación, lo cual puede hacer sentir incómodas a algunas personas, y tanta quietud puede ser un poco extraña y generar resistencia mental que se traduce en actividad mental o tensión: lo opuesto al propósito de la práctica. Hay que tener en cuenta que es una forma de yoga diferente donde el cuerpo está sanando y parte de la misión es que la mente no juzgue, sino que podamos fluir y soltar nudos energéticos físico, mentales y emocionales.
Es una forma de yoga diferente al hatha yoga porque es mucho más lento e involucra accesorios. Es más diferente aún a las secuencias vigorosas del vinyasa yoga porque es intenso y benéfico sin ser en lo más mínimo dinámico. Aunque el yoga siempre pretende ser meditativo, el hecho de tener apoyo, de cerrar los ojos y de quedarnos en las posturas durante diez o veinte minutos hace que entremos más aún dentro de nosotros mismos y que podamos tener conciencia plena.
Es un descanso mental completo con la ventaja de haber estimulado nuestra inteligencia celular a través de la apertura y el estiramiento de las posturas. Sin embargo, esta forma de yoga es muy placentera, pero para algunas personas no es tan fácil como parece: el reto es relajar la mente, que es el objetivo del yoga clásico. Involucra cambiar nuestra mentalidad de hacer y lograr, por simplemente respirar, ser y dejar ser.