14/05/2026
👉👉 Internet se llenó de memes y críticas contra el Olinia, el nuevo carro eléctrico mexicano. Y la verdad da tristeza. Porque como mexicanos tenemos esa fea costumbre de pensar que todo lo que viene de fuera es mejor y que nosotros no podemos hacer cosas chingonas.
El carro ni siquiera ha salido. Se presenta hasta el 7 de junio. Nadie lo ha manejado, nadie lo ha probado y ya lo enterraron en los memes.
A lo mejor sale bueno, a lo mejor sale malo. Eso lo veremos. Pero lo que sí es un hecho es que es el primer paso para que México vuelva a hacer carros con marca propia. Y digo "vuelva" porque ya lo hacíamos. En los sesenta y setenta aquí se diseñaban y se armaban Renaults y Ramblers con ingeniería mexicana, y nadie cuestionaba su calidad. Después llegó el neoliberalismo, se abandonó todo y nos convertimos en lo que somos hoy: la maquiladora del mundo. Armamos los carros de los demás, pero ninguno es nuestro.
Échale ojo a este dato: de los siete países que más vehículos producen en el planeta —China, Estados Unidos, Japón, Corea, India, Alemania y México— somos el único que no tiene una marca propia. El único.
Y los ingenieros mexicanos son de los mejores del mundo. No lo digo yo, lo dicen las empresas que se los pelean allá afuera: Tesla, Ford, BMW, Boeing, la NASA. Están diseñando lo que otros países presumen como suyo. ¿Por qué no podrían diseñar algo aquí?
Ahora, seamos honestos con la otra parte también: que el gobierno financie proyectos productivos históricamente no ha terminado bien. El gobierno debería gobernar, no fabricar carros. Eso es cierto. Pero tampoco nos podemos quedar de brazos cruzados esperando a que aparezca un Elon Musk mexicano. Si el gobierno está poniendo el empujón inicial para que arranque una industria, démosle al menos la oportunidad de existir antes de matarla.
Hoy puedes estar de acuerdo con la presidenta o no. Puedes ser de Morena, de Movimiento Ciudadano, del Verde, o de ninguno. Eso no importa. Lo que importa es que por primera vez en décadas hay un proyecto para que México vuelva a hacer algo suyo. Y si lo destrozamos en redes antes de que salga al mercado, nada más por ser mexicano, estamos firmando nuestra propia condena: seguir siendo la maquila del mundo en lugar de ser un país que diseña, crea y exporta lo suyo.
Ojalá los que critican se equivoquen. Y ojalá los ingenieros del Olinia nos sorprendan.