11/09/2026
Ayer escribí que un niño que llega del kínder, cansado, acalorado, hambriento y harto; no tendría que detenerse a saludar a toda la familia.
Me llamó la atención la cantidad de comentarios, seguramente de adultos “muy estables” que se me fueron a la yugular por promover la mala educación.
(Algunos con insultos “muy maduros” que tuve que eliminar).
Consideran que estoy promoviendo a la “generación de cristal” lo que sea que signifique para ellos.
¡Ya los quisiera ver!
De hecho los veo:
intuyo que esos que exigen que un pequeñito de 4 años se porte como un caballero de 30, son los mismos que a sus 30 hacen berrinche en la fila del banco, pataleta si se tarda el mesero y que insultan al taxista porque va despacio.
Lo intuyo.
Exigirle madurez de adulto a un niño desenmascara la propia inmadurez.
El niño necesita espacio, tiempo y empatía.