04/09/2026
✨✨✨HISTORIA PERSONAL ✨✨🔥🦅🪨
Por una incidencia acepté que un temazcal estuviese en el patio de mi casa. Una vez por semana venía gente, esa misma gente me decía entra te va a ayudar mucho.
Pasó el tiempo y un día me animé a entrar, debo confesarles en cuanto echaron la primera vasija de agua no pude Y me tuve que salir, tardé mucho para volver a controlar, mi mente mi cuerpo,mi espíritu.
La segunda vez que me animaron a entrar me dijeron que iba a estar más relajado porque iba enfocado a niños. Debo decirles que no quería entrar, estaba demasiado nerviosa y mi hijo de 11 años me vio y le comentó su papá, él a su vez me comentó si no quieres pues no entres, en esa parte entró mi ego el cual me decía: cómo tu hijo va a poder más que tú. Y fue cuando tuve el valor y entré nuevamente. En la primera puerta batallé para respirar y me la pasé acostada, en las demás puertas ya me pude sostenerme sentada, pude controlar mi mente y mi respiración.
De eso ya hace 5 años, Y desde ese día no he dejado de rezar no he dejado de entrar al vientre de la madre " el temazcal".
Durante este proceso de sanación he trabajado tantas cosas que por mucho tiempo llevé dentro de mí. He tenido que mirar heridas muy profundas de mi infancia, experiencias que dejaron huellas en mi corazón y en mi cuerpo, y que durante muchos años no supe cómo nombrar ni cómo sanar.
En el temazcal sentí que podía acercarme a esas partes de mí con más amor y sin juzgarme. Sentí que mi cuerpo también tenía una historia que contar, una historia que necesitaba ser escuchada, respetada y abrazada.
He aprendido que sanar también significa poner límites. Límites con mi familia, con mis hijos, con mi esposo y también en mi trabajo. Durante mucho tiempo quizá pensé que poner límites era alejarme o dejar de querer, pero hoy entiendo que poner límites es una manera de respetarme, de cuidar mi paz y de reconocer que mis necesidades también son importantes.
He aprendido, poco a poco, a amarme. A respetar mi cuerpo, a reconocerlo como algo valioso y sagrado. A dejar de verlo solamente desde las heridas y comenzar a mirarlo desde el amor, desde el agradecimiento y desde el respeto.
Dentro del temazcal sentí que muchas de esas cargas podían salir de mí. Como si con cada respiración, con cada gota de sudor y con cada lágrima, fuera soltando un poco de aquello que ya no necesito seguir cargando.
Salí de ahí recordándome que yo también soy importante. Que merezco cuidarme, escucharme, respetarme y darme un lugar en mi propia vida.
Hoy no digo que todo esté sanado, pero sí puedo decir que estoy caminando hacia mi sanación. Y quizá eso es lo más hermoso que me dejó esta experiencia: entender que puedo abrazar a la niña que fui, reconocer a la mujer que soy y seguir construyendo, desde el amor, la mujer que quiero llegar a ser.
Ahoooo!! 🔥✨🦅