27/05/2026
La Comunidad Indígena Ancestral: Un Tejido Vivo
La Comunidad Indígena Ancestral no es solo un conjunto de personas; es un tejido vivo forjado a lo largo de milenios, intrínsecamente ligado a su ecosistema y a una cosmogonía que conecta el macrocosmos con los ciclos naturales de su territorio. Es una filosofía de vida donde la supervivencia y la evolución se construyen a partir del entorno propio, integrando la identidad en cada práctica cotidiana: desde la agricultura, la lengua y el arte, hasta la medicina tradicional y los rituales.
Principios de Organización y Gobernanza
La vida comunitaria se rige por un sistema normativo interno único, ajeno a la lógica de las instituciones gubernamentales convencionales. Sus pilares fundamentales son:
• El Tequio (Trabajo Comunal): Es la base de la colaboración y la reciprocidad; el esfuerzo colectivo que sostiene el bienestar común.
• Asamblea Comunal: La máxima instancia de decisión. Se lleva a cabo en el territorio y prioriza siempre el bien común por encima de cualquier interés individual.
• Gobernanza por Consenso: La comunidad se administra a través de la responsabilidad compartida y el cuidado del territorio. Sus decisiones son legítimas porque nacen de la base sociocultural y la historia de cada pueblo.
• Identidad Irrepetible: Cada comunidad posee un ciclo de tiempo, clima y prácticas sociales únicas que definen su forma de ser y estar en el mundo (incluyendo partería, medicina tradicional, gastronomía, alfarería, lengua, entre otras).
• Valores y Representación: La elección de representantes no responde a campañas políticas, sino a una trayectoria de servicio y honor. Se elige a quienes han demostrado un compromiso ético real con la protección de la vida natural, el bienestar y la preservación de la comunidad.
El Problema: La Usurpación de Representación
Existe una crítica fundamental hacia quienes, sin pertenecer al tejido comunitario ni participar en su construcción histórica, pretenden arrogarse la representación de los pueblos. Esta "usurpación" causa daños profundos:
1. Violencia Cultural: Al hablar o actuar en nombre de los pueblos sin un aval comunal real, se desvirtúa la identidad y la palabra de quienes han sostenido el conocimiento por siglos.
2. Folklorización y Extractivismo: Se promueve una visión superficial y romántica de las comunidades, convirtiendo sus saberes en un producto de consumo que ignora sus problemáticas reales, sus necesidades urgentes y su autonomía normativa.
3. Deslegitimación: Al asumir roles de "expertos" externos sin vivir la realidad del territorio, se debilita la estructura interna de los pueblos, desplazando y silenciando a quienes realmente sostienen la comunidad.
La Partería y la Imposición Institucional
Es precisamente esta falta de visión comunitaria lo que observamos en los Comités de Partería promovidos por el gobierno. Al implementar acciones sin integrar la voz del pueblo, se ignora la esencia de este saber ancestral.
Ante esta situación, es necesario cuestionar la estructura de estos comités estatales:
• ¿Existe una representación real y legítima de las Parteras Tradicionales que cuente con el aval genuino de sus comunidades indígenas?
• ¿Por qué las autoridades no acuden a los territorios? Es ahí, en la raíz, donde cada pueblo conoce sus propias necesidades, prioridades y tiempos.
• ¿La creación de estos comités responde a las necesidades de las mujeres y parteras, o persigue fines individuales y administrativos que benefician únicamente la agenda del gobierno?
La Imposición Institucional: ¿Regulación o Despojo?
Las certificaciones, normas y manuales impuestos por el gobierno sin una consulta previa, libre e informada, no son propias ni del pueblo ni de la tradición; son herramientas de control administrativo. Quien construye la tradición es el pueblo a través de los siglos, no la institución a través de un decreto.
La imposición de marcos normativos externos para regular saberes ancestrales —como la partería o la medicina tradicional— representa una grave contradicción:
• Desconocimiento de la fuente: El Estado intenta certificar aquello que no creó. La legitimidad de una partera no nace de un diploma emitido por una oficina, sino de su capacidad, su servicio, el reconocimiento de su comunidad y su conexión con el ciclo de la vida.
• Violación a la Autodeterminación: Cuando una norma o comites se impone sin consulta, se ignora el derecho de los pueblos a decidir cómo deben preservarse y practicarse sus saberes. La "institucionalización" busca convertir una vocación comunitaria en un servicio técnico sujeto a sus propias reglas.
• La Tradición no se burocratiza: La tradición es una práctica viva y dinámica; es, por naturaleza, irreductible a los formatos rígidos del gobierno. Intentar "encajar" un saber milenario en una norma estandarizada es un acto de violencia cultural que despoja al conocimiento de su raíz y su propósito social.
El cuestionamiento fundamental ante los Comités de Partería
Ante la creación de estos comités estatales, la pregunta no es solo sobre su funcionamiento, sino sobre su legitimidad ética y política:
1. ¿Quién avala a quién? Si la comunidad es la depositaria del saber, ¿cómo puede una institución gubernamental arrogarse el derecho de certificar o validar a las parteras sin contar con el aval comunitario?
2. El peligro de la desarticulación: Al imponer sus propias normas, el gobierno fractura el tejido social. ¿No es acaso este un intento de subordinar la autonomía de los pueblos a los intereses, tiempos y necesidades del Estado?
3. ¿Certificación o Control? Debemos cuestionar si estas medidas buscan realmente el bienestar de las mujeres y sus familias, o si son una estrategia para domesticar prácticas tradicionales que el Estado no puede controlar, medir ni cuantificar bajo sus propios indicadores. Comunidad de Casas de Medicina Tradicional y Partería en indigena en México