18/05/2026
Estoy harta, cansada y molesta de leer notas o publicaciones donde dan a conocer el fallecimiento de una persona y que la gente desde su ignorancia empiece a generar teorías, a opinar, a juzgar y a lanzar comentarios sin escrúpulos.
Como Dra. En Tanatología, pero también como ser humano, me parece triste e inaceptable que no puedan respetar la dignidad de quien murió, que además en la mayoría de los casos, ni siquiera era alguien que conocían.
Detrás de esa publicación hay una familia rota, hijos, padres, amigos o personas intentando entender un dolor que jamás será sencillo procesar y esas balas que lanzas sin tomar conciencia de si tu aportación va a ayudar o no, por supuesto que pueden hacer más complejo el proceso de duelo de una persona.
No conocemos la historia completa de nadie. No sabemos las luchas internas que una persona cargaba, sus sueños, las heridas que escondía o las circunstancias que marcaron su vida. Y, aun así, muchas veces la gente se siente con el derecho de señalar, cuestionar o hablar como si supiera la verdad absoluta.
La muerte de una persona no debería convertirse en debate, morbo ni entretenimiento para redes sociales. El duelo necesita respeto, empatía y silencio consciente, no opiniones que solo aumentan el dolor de quienes ya están sufriendo.
Algo que me gustaría que supieran, es que la muerte no es un castigo para nadie, ni se atrae, ni se puede prevenir, si para alguien ese era su momento, lo era, así hiciéramos mil cosas distintas por cambiarlo, no podemos controlar eso, no importa la profesión que tengamos, ni el estatus económico, si murió en casa, ante una enfermedad, en un accidente o divirtiéndose mientras hacía algo que disfrutaba, DEJA POR FAVOR DE OPINAR, nadie te lo pregunto.
A veces, el acto más humano y respetuoso es el silencio.
Porque nadie merece ser juzgado en su ausencia, y ninguna familia merece leer crueldad mientras intenta sobrevivir a una pérdida.
-Con cariño y respeto, Dulce Servín.