23/05/2026
Y la que soporte :)
𝐃𝐞 𝐜𝐚𝐝𝐚 𝟏𝟎𝟎 𝐧𝐢𝐧̃𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐚𝐜𝐮𝐝𝐞𝐧 𝐚 𝐦𝐢 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐮𝐥𝐭𝐨𝐫𝐢𝐨, 𝐬𝐨𝐥𝐨 𝟑 𝐚 𝟒 𝐬𝐚𝐥𝐞𝐧 𝐜𝐨𝐧 𝐮𝐧 𝐚𝐧𝐭𝐢𝐛𝐢𝐨́𝐭𝐢𝐜𝐨 𝐞𝐧 𝐬𝐮 𝐫𝐞𝐜𝐞𝐭𝐚.
Eso fue lo que mostró el análisis de mis últimos 1,000 pacientes atendidos.
𝐘 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐨𝐬 𝐩𝐞𝐧𝐬𝐚𝐫𝐚́𝐧… “𝐞𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐮𝐬 𝐩𝐚𝐜𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞𝐧 𝐬𝐮𝐞𝐫𝐭𝐞, 𝐜𝐚𝐬𝐢 𝐧𝐨 𝐬𝐞 𝐞𝐧𝐟𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧”.
En esas 1,000 consultas:
• 480 niños tenían fiebre
• 509 tenían mocos, gripa o resfriado
• 383 tenían tos
• 128 diarrea
Los mismos síntomas que se ven en cualquier consultorio pediátrico.
La diferencia no es la suerte.
La diferencia es el diagnóstico, el manejo, el abordaje y explicación a los padres.
𝐄𝐧𝐭𝐨𝐧𝐜𝐞𝐬… "𝐞𝐬 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐬𝐚𝐛𝐞 𝐮𝐬𝐚𝐫 𝐚𝐧𝐭𝐢𝐛𝐢𝐨́𝐭𝐢𝐜𝐨𝐬 𝐲 𝐥𝐨𝐬 𝐞𝐯𝐢𝐭𝐚".
Al contrario.
Precisamente porque sé cuándo SÍ funcionan, sé cuándo NO sirven de nada.
De 1,000 consultas, hice 36 recetas de antibiótico.
Esos niños sí los necesitaban.
El resto no.
"𝐄𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐩𝐚𝐩𝐚́𝐬 𝐝𝐞 𝐬𝐮𝐬 𝐩𝐚𝐜𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐬𝐨𝐧 𝐞𝐝𝐮𝐜𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐲 𝐧𝐨 𝐥𝐨 𝐩𝐫𝐞𝐬𝐢𝐨𝐧𝐚𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐫𝐞𝐜𝐞𝐭𝐚𝐫.
Los padres siempre quieren que su hijo mejore rápido. Eso no cambia.
Lo que cambia es si el médico cede… o el médico explica.
Si el médico le da por su lado a los padres... o busca lo mejor para el paciente.
"𝐒𝐞𝐠𝐮𝐫𝐨 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐬𝐮𝐬 𝐩𝐚𝐜𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐬𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐥𝐢𝐜𝐚𝐧 𝐲 𝐭𝐞𝐫𝐦𝐢𝐧𝐚𝐧 𝐞𝐧 𝐮𝐫𝐠𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚𝐬.
Si el 96% de mis pacientes con fiebre se complicaran, yo no tendría consultorio.
Los pacientes regresan.
De esas últimas 1,000 consultas, 308 fueron consultas de seguimiento.
Eso me permite ver cómo evolucionan los niños SIN antibióticos.
Los pacientes mejoran y regresan.
𝐄𝐧𝐭𝐨𝐧𝐜𝐞𝐬, ¿𝐐𝐮𝐞́ 𝐬𝐢𝐠𝐧𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚𝐧 𝐫𝐞𝐚𝐥𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐨𝐬 𝐝𝐚𝐭𝐨𝐬?
Que la mayoría de las infecciones en niños son causadas por virus.
Y los virus NO se curan con antibióticos.
𝐄𝐬𝐭𝐨 𝐧𝐨 𝐬𝐢𝐞𝐦𝐩𝐫𝐞 𝐟𝐮𝐞 𝐚𝐬𝐢́, 𝐦𝐢𝐬 𝐧𝐮́𝐦𝐞𝐫𝐨𝐬 𝐧𝐨 𝐬𝐞 𝐡𝐢𝐜𝐢𝐞𝐫𝐨𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞 𝐚 𝐥𝐚 𝐦𝐚𝐧̃𝐚𝐧𝐚.
Hace 15 años, en mis primeras 1,000 consultas, yo recetaba antibióticos al 20% de mis pacientes, 1 de cada 5 consultas.
Hoy los receto al 3.6%, en 1 de cada 28.
Mismo médico.
Mismo consultorio.
Misma ciudad.
Los mismos niños con fiebre, tos y mocos.
¿𝐄𝐧𝐭𝐨𝐧𝐜𝐞𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐟𝐮𝐞 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐨́?
Lo que cambió no fue que los niños se enfermen menos.
Lo que cambió fue mi entendimiento de cuándo un antibiótico realmente ayuda… y cuándo no.
Aprendí a distinguir mejor qué está enfermando al niño.
Y lo más importante, aprendí a explicarlo mejor a los padres.
Hoy ya no receto antibióticos para cumplir expectativas.
No receto por presión familiar.
No receto “por si acaso”.
Y tampoco me da miedo que una mamá, a la que ya le expliqué ampliamente el porque su hijo no necesita antibiótico, salga molesta del consultorio y no regrese.
Porque mi prioridad no es retener pacientes.
Es hacer lo correcto para el niño.
𝐘 𝐜𝐮𝐫𝐢𝐨𝐬𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞, 𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐦𝐞𝐧𝐨𝐬 𝐚𝐧𝐭𝐢𝐛𝐢𝐨́𝐭𝐢𝐜𝐨𝐬 𝐫𝐞𝐜𝐞𝐭𝐨, 𝐦𝐚́𝐬 𝐜𝐫𝐞𝐜𝐞 𝐦𝐢 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐮𝐥𝐭𝐚.
Muchas mamás llegan recomendadas por otras mamás.
Porque ya entendieron algo muy importante:
Los antibióticos no son la solución para todo.
Los antibióticos no son la respuesta cada que su hijo enferma.
𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐢𝐞𝐧𝐝𝐚𝐬 𝐞𝐬𝐭𝐨.
Cuando un médico revisa a tu hijo con fiebre y decide NO dar antibiótico, muchas veces está tomando la decisión más difícil… pero también la más correcta.
Porque no solo está pensando en cómo estará hoy.
También está cuidando su salud para el mañana, a largo plazo.
La mayoría de los niños mejoran solos:
con tiempo, hidratación, vigilancia y descanso.
No con antibióticos.
Ante cualquier duda sobre los síntomas de tu hijo, consulta siempre con tu pediatra.
Si estás en , citas al WhatsApp 782 827 0434