20/05/2026
Había una vez un niño llamado Tomás.
Tomás era muy inteligente. Le encantaban los dinosaurios, los videojuegos y mirar videos en su tablet. Podía pasar horas viendo caricaturas y jugando.
Tomás vivía con su abuela Rosa.
La abuela Rosa no era una abuela cualquiera. Ella era quien lo despertaba, le preparaba su comida favorita, lo abrazaba cuando tenía miedo y lo acompañaba a todas partes. Para Tomás, ella era como una mamá.
Pero últimamente algo estaba pasando…
—Tomás, ya es hora de ir a la escuela —decía la abuela con voz suave.
—¡NO QUIERO! —gritaba él.
—También hoy tienes fútbol.
—¡NO VOY! ¡DÉJAME EN PAZ!
A veces Tomás hablaba muy fuerte, hacía caras feas y hasta aventaba los cojines cuando la abuela apagaba la tablet.
La abuela Rosa se ponía triste, aunque trataba de no llorar.
Una noche, mientras Tomás dormía abrazando su tablet, ocurrió algo extraño.
La pantalla comenzó a brillar…
Y apareció un pequeño robot azul llamado Tobi.
—Hola, Tomás —dijo el robot—. Vengo del Mundo de las Pantallas.
Tomás abrió los ojos sorprendido.
—¿Cómo saliste de mi tablet?
—Porque tu tablet está cansada.
—¿Cansada? ¡Las tablets no se cansan!
Tobi suspiró.
—Sí se cansan cuando un niño olvida jugar, aprender, correr y abrazar a las personas que lo quieren.
Tomás frunció el ceño.
—Yo no hago nada malo.
Entonces Tobi tocó la pantalla y aparecieron imágenes:
La abuela Rosa esperándolo sola afuera de la escuela de fútbol.
La abuela suspirando cansada mientras recogía los juguetes.
La abuela sentada en silencio cuando Tomás le gritaba.
Tomás sintió un n**o en la panza.
—Yo… no quería ponerla triste…
Tobi asintió.
—A veces cuando estamos molestos o muy acostumbrados a algo, olvidamos cómo se sienten los demás.
—Pero la tablet me hace sentir tranquilo.
—Y está bien usarla —dijo Tobi—. Pero las tablets son para acompañar la vida, no para reemplazarla.
Luego el robot le mostró algo más:
Tomás riendo en fútbol.
Tomás pintando en la escuela.
Tomás haciendo galletas con su abuela.
En todas esas imágenes… Tomás se veía feliz de verdad.
—Tu corazón necesita más cosas además de pantallas —dijo Tobi—. Necesita personas, juegos, movimiento y amor.
Tomás bajó la mirada.
—A veces me enojo mucho…
—Lo sé —respondió Tobi—. Y cuando eso pase, puedes respirar, pedir ayuda o decir:
“Necesito un momento”.
Pero no lastimes con tus palabras a quien más te cuida.
Antes de desaparecer, Tobi dejó una misión escrita:
“Misión de Súper Nieto”
1. Hablar con respeto.
2. Usar la tablet solo después de cumplir responsabilidades.
3. Intentar ir a la escuela aunque cueste trabajo.
4. Dar un abrazo diario a la abuela Rosa.
A la mañana siguiente, la abuela despertó a Tomás con miedo de que volviera a gritar.
Pero él se levantó despacito.
—Abuela…
—¿Sí, mi amor?
—Perdón por hablarte feo.
La abuela abrió mucho los ojos.
Tomás la abrazó fuerte.
—¿Podemos hacer un horario para usar la tablet?
La abuela sonrió y lo abrazó también.
Y aunque hubo días difíciles, Tomás aprendió algo importante:
Las personas que nos aman merecen palabras suaves, tiempo y cariño…
porque ningún videojuego puede abrazarte como alguien que te quiere de verdad.
Reflexión para el niño 🌟
A veces las tablets son divertidas, pero nuestro corazón también necesita aprender, jugar, movernos y convivir con quienes nos aman. Hablar con respeto y agradecer a quienes nos cuidan nos convierte en personas fuertes y amorosas.
Preguntas para trabajar después del cuento
* ¿Cómo crees que se sentía la abuela Rosa?
* ¿Qué hacía Tomás cuando se enojaba?
* ¿Qué podría hacer Tomás en lugar de gritar?
* ¿Qué actividades fuera de la tablet pueden ser divertidas?
* ¿Cómo puedes demostrar amor a quien te cuida?
* ¿Qué reglas sanas podrían existir para usar la tablet?