05/05/2023
Somos lo que comemos.
Nuestra ira, frustración y desesperanza tienen mucho que ver con nuestro cuerpo y con la comida que ingerimos.
Debemos desarrollar una estrategia para comer, para consumir, a fin de protegernos de la ira y la violencia.
El hecho de comer es un aspecto de la civilización.
La forma de cultivar los alimentos, la clase de comida que ingerimos y el modo de comer tienen mucho que ver con la civilización, porque las elecciones que efectuemos pueden generar la paz y aliviar el sufrimiento.
La comida que tomamos desempeña un papel muy importante en la producción de nuestra ira.
La comida que ingerimos puede contener ira.
Cuando comemos carne de un animal que tiene la enfermedad de las vacas locas, esa carne está llena de ira.
Debemos también fijarnos en las otras clases de comida que consumimos.
Cuando comemos un huevo o pollo, sabemos que ese huevo o ese pollo pueden contener mucha ira.
Y como nos alimentamos con ira, tenemos que expresarla.
Hoy en día, los pollos se crían en granjas avícolas modernas de producción intensiva en las que no pueden caminar, correr, ni buscar la comida en la tierra.
Son alimentados por los humanos.
Están confinados en pequeñas jaulas en las que ap***s pueden moverse.
Noche y día han de estar de pie.
Imagina que no tuvieras derecho a caminar ni a correr.
Imagina que tuvieras que estar noche y día en el mismo lugar.
Enloquecerías. Así que los pollos enloquecen.
Para que las gallinas pongan más, huevos, los granjeros crean el día y la noche artificialmente.
Usan una iluminación interior que acorta el día y la noche, así las gallinas creen que ya han pasado las veinticuatro horas y producen más huevos.
Estas gallinas están llenas de ira, frustración y sufrimiento.
Para expresar su ira y su frustración atacan a las otras gallinas que haya su lado.
Usan sus picos para picarse y herirse entre ellas.
Se hacen sangrar y sufrir, y mueren a causa de ello.
Por eso los granjeros les recortan ahora el pico, para evitar que se piquen unas a otras por la gran frustración que sienten.
Cuando comes carne o huevos de esta clase de gallinas, estás comiendo ira y frustración.
Sé consciente de ello.
Ten cuidado con lo que comes.
Si consumes ira, te convertirás en ella y la expresarás.
Si consumes desesperanza, expresarás desesperanza.
Si consumes frustración, expresarás frustración.
Hemos de comer huevos felices de gallinas felices.
Hemos de beber leche que no proceda de vacas furiosas.
Hemos de beber leche biológica de vacas que se hayan criado en el campo.
Hemos de hacer un esfuerzo para apoyar a
los granjeros que crían a los animales de una forma más humana.
Debemos también comprar verduras que se hayan cultivado en huertos biológicos.
Son más caras pero, para compensarlo, comemos menos, ya que podemos aprender a comer menos.
Comer bien, comer menos
Hay quienes se refugian en la comida para olvidar sus p***s y su depresión.
Comer en exceso puede crear problemas al sistema digestivo y contribuir a generar ira.
O producir demasiada energía.
Y si no sabes manejarla, se puede transformar en la energía de la ira, el s**o y la violencia.
Cuando comemos bien, podemos comer menos.
Sólo necesitamos la mitad de la comida que ingerimos a diario.
Para comer bien hemos de masticar los alimentos unas cincuenta veces antes de tragarlos.
Cuando comemos lentamente y masticamos la comida hasta convertirla en una especie de líquido, nuestros intestinos absorben mucho más sus elementos nutritivos.
Si comemos bien y masticamos la comida a conciencia, obtenemos más elementos nutritivos que si comemos mucho pero sin digerir bien la comida.
Comer es una práctica profunda.
Cuando yo como, disfruto de cada bocado.
Soy consciente de la comida, de lo que estoy comiendo.
Podemos practicar el ser conscientes de lo que comemos: sabemos lo que estamos masticando.
Masticamos la comida con mucho cuidado y alegría.
De vez en cuando dejamos de masticar para entrar en contacto con los amigos, la familia o la sangha-la comunidad de practicantes que comparten la mesa con nosotros.
Valoramos el maravilloso hecho de estar sentados aquí masticando esa comida, sin preocupamos por nada más.
Cuando comemos de manera consciente, no estamos comiendo o masticando nuestra ira, nuestra ansiedad o nuestros proyectos, sino que masticamos la comida que los demás han preparado con tanto amor.
Es muy agradable.
Cuando la comida casi se ha licuado en tu boca, experimentas su sabor con más intensidad y sabe buenísima.
Quizá desees masticar hoy de esta manera.
Sé consciente de cada movimiento de tu boca.
Descubrirás que la comida te sabe deliciosa; aunque comas pan solo, sin mantequilla ni mermelada, lo encontrarás riquísimo.
Tal vez desees también tomar un poco de leche.
Yo nunca me la bebo, sino que la mastico.
Cuando me acerco un trozo de pan a la boca, lo mastico durante un rato con plena conciencia y después bebo un traguito de leche.
Me lo introduzco en la boca y sigo masticando siendo consciente de ello.
No sabes lo delicioso que puede ser masticar solamente un poco de leche y pan.
Cuando la comida se ha vuelto líquida y se ha mezclado con tu saliva, ya está medio digerida, así cuando llegue a tu
estómago y a tus intestinos, harás la digestión con suma facilidad.
Texto autoría de Thich Nhat Hanh