17/08/2026
Hoy cumplo un año más
intentando ser la diferencia en las emergencias,
estar cuando hace falta,
dar una mano cuando pesa la vida,
y recordar que, aun en medio de la tormenta,
siempre puede existir una salida.
Y en mi pensamiento resuena
que no solo celebro los años que cumplo,
sino también los que ya no tengo.
Celebro lo que me levantó,
las caídas que me enseñaron,
las cicatrices que no escondo,
los pasos que ya di
y cada batalla que, aunque difícil,
me trajo hasta aquí.
Porque detrás de mí vienen muchos de ustedes,
y espero que mis pasos puedan servirles de ayuda;
que mis aciertos les den fuerza
y que, si alguna vez me equivoco,
mi error también sirva
para que aprendamos todos.
Camino siempre
con una mano en el corazón
y la mirada apuntando alto.
No me avergüenza voltear atrás
y contemplar lo que era,
porque al mirar atrás
recuerdo de dónde vengo,
honro lo que he vivido
y encuentro claridad
para saber hacia dónde voy.
Hoy no celebro solamente un cumpleaños.
Celebro el camino.
Celebro las veces que dije “sí puedo”
cuando todo parecía decirme lo contrario.
Celebro que sigo aquí,
aprendiendo, cayendo, levantándome
y dejando, aunque sea pequeña,
una huella en el camino.
Porque si algo he aprendido con los años
es que no necesitamos ser perfectos
para inspirar a alguien.
A veces basta con seguir caminando,
con no rendirse,
con tender la mano,
con sembrar una palabra,
con levantarse una vez más.
Hoy cumplo un año más de vida,
pero también un año más de propósito.
Y mientras tenga vida,
seguiré caminando con el corazón en la mano,
la mirada hacia lo alto
y la esperanza firme de que,
si mis pasos pueden ayudar a alguien a avanzar,
entonces cada paso habrá valido la pena.
Hoy celebro la vida.
Celebro lo que fui,
lo que soy
y, sobre todo,
todo lo que todavía puedo llegar a ser.
Porque sí se puede.
Quizá no sea fácil.
Quizá tome tiempo.
Quizá tengamos que caer muchas veces.
Pero mientras sigamos caminando,
la historia todavía no termina.