18/03/2021
La rosa picante; Capaz de ahuyentar hasta al mismísimo Conde Drácula.
Para los egipcios representaba el mundo. Decían que al comerlo se creaba la conexión divina entre el hombre y el universo, pues las capas del exterior simbolizaban los estados del cielo y el in****no, mientras que los dientes representaban el sistema solar.
En Roma estaba dedicado al dios de la guerra Marte, y se consideraba el símbolo de las virtudes militares por sus propiedades energéticas y fortalecedoras.
Los enterradores de la edad media utilizaban un collar de ajos alrededor del cuello para protegerse de los malolientes y fétidos cuerpos en estado de descomposición. Práctica que llevó a la población al esoterismo de colgar ajos en ventanas, puertas y chimeneas, para alejar a los malos espíritus.
Si bien no se conoce a ciencia cierta de donde proviene la planta de ajo, se cree que tuvo su origen en el Asia Central, en una región de nombre Kirguisa al suroeste de Siberia. Ahí comenzó a ser cultivado desde épocas muy remotas hasta expandirse por casi el planeta entero.
Sus primeros usos se remontan al antiguo Egipto. Herodoto cuenta que los esclavos encargados de construir la majestuosa pirámide de Giza utilizaron el ajo por sus virtudes curativas y alimenticias, y especialmente para incrementar su energía física, lo cual quedó grabado en algunos relieves encontrados en ella. Incluso los sacerdotes egipcios se abstenían de consumirlo por sus propiedades afrodisíacas.
Llegó a considerarse un icono sagrado que acompañó a los faraones difuntos al más allá protegiéndolos de los malos espíritus.
En Grecia se consumía para evitar el tifus y la cólera. Ademas de que los primeros atletas griegos masticaban dientes de ajo para mejorar su rendimiento en las competiciones de los juegos olímpicos. Acto también practicado por los recolectores de raíces de la antigua Grecia, antes de comenzar su arduo trabajo.
Texto copiado de 9 de Dante