08/05/2026
SE TENÍA QUE DECIR Y SE DIJO!
VACACIONES ADELANTADAS INNECESARIAS! 😠
La realidad es que no podemos seguir normalizando calendarios escolares cada vez más prolongados sin pensar en las consecuencias reales que esto tiene en la infancia.
Hablar de 87 días de vacaciones no es hablar únicamente de descanso.
Estamos hablando de casi tres meses donde miles de niños perderán estructura, hábitos, regulación y estabilidad emocional.
Y quienes trabajamos directamente con la infancia lo sabemos perfectamente:
cuando un niño pierde rutina, su sistema nervioso también pierde organización.
Tendremos niños con más horas frente a dispositivos móviles.
Más tiempo en pantallas.
Más aislamiento.
Más sedentarismo.
Más sobreestimulación.
Y menos tolerancia a la frustración.
Porque un cerebro infantil que pasa horas consumiendo contenido inmediato se acostumbra a obtener satisfacción rápida, y cuando la vida real no responde a esa velocidad, aparecen el enojo, las crisis, la impulsividad y la intolerancia.
Vamos a tener niños constantemente irritables.
Niños más enojados.
Más cansados.
Con alteraciones del sueño.
Con menor capacidad de espera.
Con más dificultad para seguir instrucciones.
Con menos interés por el juego real, el movimiento y la convivencia.
Y esto no es exageración.
Esto ya lo vivimos cada periodo vacacional, y ahora será aún más intenso.
Como terapeuta sensorial puedo decirlo con claridad:
el sistema nervioso infantil necesita sostén.
Necesita movimiento.
Necesita organización.
Necesita experiencias sensoriales reales.
Necesita convivencia.
Necesita límites y rutina para poder regularse.
Y cuando todo eso desaparece por semanas, el impacto se refleja después en las aulas, en casa y en terapia.
Por eso hoy también quiero hacer un llamado muy importante a las familias:
No abandonen los procesos terapéuticos durante este tiempo.
Ahora más que nunca tenemos que sostener lo sensorial.
Porque las terapias no son solamente “actividades”.
Son espacios de regulación neurológica, emocional y conductual.
Son espacios que ayudan a que el niño conserve organización, hábitos, tolerancia y herramientas para enfrentar su entorno.
Muchos pequeños tendrán retrocesos si pasan casi tres meses completamente desconectados de sus rutinas terapéuticas, escolares y sociales.
Y después, cuando llegue el regreso a clases, volveremos a ver el enorme costo emocional:
niños llorando,
niños frustrados,
niños agotados,
niños que no logran adaptarse nuevamente a la exigencia escolar.
Las autoridades tienen que entender algo fundamental:
la infancia no puede sostenerse solamente con entretenimiento y pantallas.
La niñez necesita estructura.
Necesita regulación.
Necesita estabilidad.
Porque mientras desde un escritorio se mueve una fecha en el calendario, acá afuera estamos hablando de cerebros en desarrollo, de salud emocional y de bienestar infantil.
Y eso debería ser prioridad absoluta!!!