24/04/2026
Hace dos días tuve el privilegio de asistir a un foro sobre violencia ácida o química, donde se presentaron propuestas por parte de diputadas, asociaciones y jueces. Uno de los momentos más impactantes fue escuchar a María Elena, impulsora de la Ley Malena, quien años atrás fue víctima de un ataque con ácido por parte de su expareja.
Durante su testimonio compartió que su madre estuvo presente en el momento de la agresión y, al abrazarla para protegerla, también resultó con quemaduras. Su historia no busca generar lástima, sino visibilizar una realidad que duele y que necesita ser escuchada. Como ella misma dijo: no busca mujeres valientes, busca mujeres felices.
Hoy en día, muchas mujeres callan por miedo, por dependencia emocional o porque confunden el amor con el dolor. Entre enero y octubre de 2025 se identificaron 393 víctimas de amenazas o agresiones con ácido o sustancias corrosivas, y más de la mitad fueron perpetradas por parejas o exparejas (115 cónyuges o parejas y 108 exparejas). Esto nos confronta con una realidad difícil: muchas veces, el riesgo está en vínculos cercanos.
También se habló del proceso de buscar justicia, que implica revivir el dolor una y otra vez. Sin embargo, gracias al acompañamiento de profesionales de la salud, psicólogos, cirujanos y redes de apoyo, María Elena transformó su historia en una lucha que hoy impulsa una ley que busca evitar la impunidad.
Como psicóloga, esto reafirma mi compromiso de seguir preparándome para acompañar estos procesos. Que sepan que no están solas: existen espacios seguros donde pueden hablar, ser escuchadas y comenzar a sanar.