30/07/2022
La fibra dietética o fibra alimentaria es la fracción de la parte comestible de las plantas o hidratos de carbono que son resistentes a la digestión y absorción en el intestino delgado, con fermentación completa o parcial en el intestino grueso.
Promueve efectos fisiológicos beneficiosos: efecto laxante, efecto prebiótico, control de la colesterolemia, de la glucemia, retrasa el vaciado gástrico y aumenta la sensación de saciedad.
Fibra soluble: Atrae agua convirtiéndose en una sustancia viscosa durante la digestión, enlenteciendo el proceso digestivo e impidiendo la absorción de algunos nutrientes en el intestino. La viscosidad puede definirse como su resistencia al flujo, lo que permitirá un mejor tránsito, a través del intestino delgado, el colon, y facilitando su expulsión por la consistencia viscosa debida a su solubilidad en agua.
Fibra insoluble: Tiende a incrementar el ritmo al que los alimentos pasan a través del tracto digestivo. No se disuelven en agua aunque tienen la capacidad de absorberla, aumentando su volumen y estimulando los movimientos peristálticos del intestino. Esto aumenta el número de deposiciones (frecuencia de defecación) y el volumen de las heces.
Un consumo demasiado elevado o incorrecto puede generar complicaciones, carencias o molestias que afectarán tanto a nuestro bienestar general como a nuestras obligaciones diarias y actividad física. Algunos de estos efectos adversos más comunes son los siguientes: disminución de la absorción de algunos minerales como el calcio, hierro, zinc y magnesio, malestar intestinal, diarrea, si la ingesta de líquidos es baja puede producir estreñimiento.
La mayoría de los alimentos tienen una mezcla de ambos tipos de fibra, e incluyen aproximadamente un tercio de fibra soluble y dos tercios de fibra insoluble.
Las recomendaciones existentes sobre el consumo adecuado de fibra se sitúan entre 20-35 gr. de fibra al día.