31/08/2021
"Un día estaba en clase de yoga y el instructor nos dijo a todos que adoptáramos la posición de la paloma: la postura en la que estiras una pierna detrás de ti, doblas la otra frente a ti y después te doblas hacia el frente con los brazos extendidos. Está bien si eres una paloma, pero es una de las posiciones que más odio porque mis caderas no se mueven de esa manera, duele y siempre me da miedo
quedarme atorada.
Pero, aunque mi cuerpo me pida lo contrario, estoy en clase y lo voy a intentar; estoy determinada a «relajarme», aunque en voz baja le implore al profesor que nos cambie de postura, lo cual no sucede porque obviamente está demasiado ocupado hablando. Habla y habla sobre la conexión que tenemos con el Universo y nuestra respiración y el camino al verdadero conocimiento y… «Santo cielo, amigo, ¿podrías apurarte? Creo que estoy a punto de romperme algo, estoy a punto de, oh, Dios, creo que me quedé atorada. ¿Cómo voy a salir de esta posición? Va a tener que venir y levantarme porque realmente estoy atorada…». Entonces, woosh…
Respiro. Apago los incansables gritos de mi cerebro, todo se queda en silencio y
entonces me rindo. Siento cómo mi cuerpo se ajusta y entra con más profundidad que
nunca a la pose. El dolor se ha ido. El pánico se ha ido. Soy una con el Universo. Pero entonces me doy cuenta de que creo que realmente sí estoy atorada y «en serio, qué demonios, amigo, ¿vas a hablar toda la noche? Llevamos cinco minutos en esta maldita posición y, por cierto, mi rodilla se siente caliente y no te vas a callar aunque crea que estás a punto de hacerlo, sólo sigues hablando y hablando…».
Entonces, woosh… Me reconecto. Estoy de regreso en la Zona. Me derrito profundamente en la pose, me siento tan afortunada y conectada con algo verdaderamente más grande que yo.
Estos cambios entre el pánico en nuestras cabezas y el «respirar en el Ahora» son
prácticamente como la mayoría de nosotros vive la vida. En vez de preocuparnos por la posibilidad de una cadera dislocada (el futuro) o lo mal que me sentí alguna vez
practicando esa postura (el pasado), pude haberme regocijado con la magnificencia
que estaba a mi alcance en ese momento.
Nunca dejará de sorprenderme el preciado tiempo que pasamos persiguiendo
ardillas en nuestro cerebro, dejándonos llevar por el drama de nuestra vida, preocupándonos por el indeseable vello facial, buscando que todos nos quieran, justificando nuestras acciones, quejándonos de lo lento que está el internet, diseccionando la vida de algunos idiotas, aun cuando estamos sentados en medio de un milagro que está sucediendo aquí y ahora."
Jen Sinsero - Eres un Chingon