26/01/2026
26 enero
Enero suele sentirse pesado, y no es solo una percepción. No tiene que ver únicamente con el frío, los días cortos o el regreso a la rutina. Lo que pesa de verdad, es todo lo que se acumuló antes. Es como si el año anterior no hubiera terminado del todo y llegara cargado en la mente y en el cuerpo.
Contrario a lo que se piensa de que enero es un comienzo en todos aspectos, la realidad es que usted (y yo y muchas otras personas) podría empezar enero sintiéndose bloqueado y cansado. Probablemente le cuesta concentrarse, avanzar o tomar decisiones simples. No porque algo esté mal con usted, sino porque enero siempre llega saturado: de propósitos, de expectativas, de pendientes, de comparaciones y de ideas sobre cómo “debería” empezar el año. Esa presión, genera un desgaste que frena la claridad y la energía.
Y es que, realmente, enero no es un mes de inicios, es un mes de transición, aunque rara vez lo tratamos así. Todo alrededor empuja a arrancar fuerte, a tener metas claras de inmediato, a “empezar bien”. A eso, se suma lo que quedó sin resolver en diciembre: cansancio, emociones guardadas, asuntos pendientes, deudas económicas.... Todo eso se acumula y hace que cualquier esfuerzo, se sienta mucho más pesado de lo normal. ¿Le está sucediendo?
Cuando la mente está así de cargada, no solo cuesta decidir y actuar; también cuesta ver con claridad qué es lo que realmente se quiere y el camino a seguir. El estrés reduce nuestra perspectiva y todo parece más grande de lo que es. No porque no haya salida, sino porque no hay pausa ni calma.
A veces, enero no pide exigencia, sino espacio. Un ritmo un poco más lento para que el cuerpo se tranquilice y la mente se ordene sola. Porque la claridad no aparece cuando se fuerza, aparece cuando se le da lugar.
Empiece por bajar la presión que ejerce sobre usted mismo. Dese un respiro. Muchas veces solo eso basta y es lo que se requiere para que su camino se le pueda volver a mostrar.
Bendecida última semana de enero 🙏🏻📿
HANUMAN CHALISA 🙏🏻
Tomado de: