30/05/2026
Hace unos años, se hizo viral uno de mis TikToks donde hablé sobre algunos rasgos de personalidad que pueden observarse en figuras públicas como
Y quiero aclarar algo: entender una conducta no significa justificarla.
Además, tampoco fui yo la primera que abrió la conversación sobre su salud mental. Ella misma ha hablado públicamente de sus procesos, de sus diagnósticos y de los distintos psiquiatras que la han acompañado.
Pero más allá de cualquier diagnóstico, hay conductas que todos podemos observar.
💔Impulsividad.
💔Conflictos constantes.
💔Comentarios sin filtro.
💔Cambios bruscos en la forma de relacionarse con las personas.
💔Dificultades para sostener vínculos.
💔Y una enorme diferencia entre lo que se dice en un momento y lo que se siente unas horas después.
Hace apenas unos días vimos un ejemplo muy claro.
Primero apareció el desafío:
"Que me funen."
"Que se burlen."
"No me importa."
Y pocas horas después apareció el llanto, la ansiedad y la necesidad de alejarse de las redes.
Y no, no estoy criticando que alguien llore.
Llorar es humano.
Lo que me llama la atención es la incongruencia.
Porque muchas veces la arrogancia no es fortaleza.
Muchas veces la arrogancia es una armadura que se rompe cuando llega la consecuencia emocional.
Pero mi reflexión va mucho más allá de ella.
Lo que me cuesta entender es por qué como sociedad seguimos confundiendo fama y dinero con admiración.
Porque cada vez que alguien hace una crítica aparece el mismo argumento:
"Le tienes envidia porque tiene dinero."
Y no...
El dinero no te hace educada.
El dinero no te da criterio.
El dinero no te da inteligencia emocional.
El dinero no te hace madura.
El dinero no te enseña a sostener amistades.
El dinero no te enseña a construir relaciones sanas.
El dinero no te da autocontrol.
Tener mucho dinero no significa necesariamente tener una vida emocional saludable.
Y esa es una confusión enorme que tenemos como sociedad.
Porque si una persona vive constantemente peleándose con amigos, parejas, colaboradores, familiares o con cualquiera que se acerque demasiado, quizá la pregunta importante no es cuánto dinero tiene.
Quizá la pregunta es qué tan bien está emocionalmente?
Y aquí viene la parte que a mí más me interesa.
¿Qué estamos buscando cuando convertimos en ídolos a personas que se han hecho famosas por los escándalos, los conflictos, la polémica, las peleas públicas y la impulsividad?
¿Qué parte de nosotros se siente identificada con eso?
¿Qué vacío estamos intentando llenar?
Porque una cosa es entretenerte viendo a alguien.
Y otra muy distinta es admirarlo y convertirlo en modelo de vida.
Yo no necesitamos que una figura pública sea perfecta... nadie lo somos!!!
Pero sí me parece preocupante cuando confundimos éxito económico con desarrollo personal.
Porque el éxito económico puede comprarse, construirse o heredarse.
La madurez emocional no..
Esa se trabaja...
Y quizá la conversación más importante no es qué está pasando con ella.
Quizá la conversación importante es qué nos está pasando a nosotros que admiramos más el escándalo que la estabilidad, más el ruido que la profundidad y más la polémica que la inteligencia emocional. . .
Porque las figuras públicas hablan de ellas.
Pero también hablan de lo que como sociedad estamos premiando...