03/04/2026
Es curioso cómo algunas personas pueden disfrazar su veneno de bondad y de justicia. Hay víctimas y victimarios, algunos suelen posicionarse dónde más les plasca o convenga y de esa farsa, de esa apariencia que se presenta como “Implacable juicio” cuando en realidad, detrás de esa fachada se oculta un ego inflado sostenido por una bandera de yo soy la verdad de la vida, incapaz de reconocer su propio veneno. Me pregunto si esta persona que ataca los errores ajenos realmente tiene la película completa o solo juzga desde el intermedio (o sea desde la versión del otro) entiende lo que significa ser genuinamente espiritual, o si simplemente está jugando a un papel que le queda grande.
Me sorprende cómo se permite juzgar con tanta facilidad, mientras no se toma un momento para mirar en su interior. ¿Acaso no ve que su arrogancia y su falta de autocrítica lo hacen el verdadero enemigo en esta situación? Muchos, al menos, podemos reconocer nuestros errores además de sufrirlos para asi crecer y ser una mejor versión de persona. Pero este falso amigo se esconde detrás de palabras firmes llenas de odio y debilidad, fingiendo ser algo que no es, proyectando una imagen de virtuosismo mientras está ciego a sus propios defectos. Si de verdad quisiera ayudar a los demás, habría comenzado por no juzgar y engancharze en conflictos ajenos, por verse a sí mismo.
Es como ese sepulcro blanqueado, tan pulido por fuera pero podrido por dentro. Se ve tan seguro de su juicio, como si hubiera alcanzado algún tipo de iluminación. Pero su arrogancia lo delata. Criticar a los demás, señalarles sus fallos, es mucho más fácil que hacer una revisión interna. Él o ella prefiere lanzar piedras desde su trinchera, ignorando lo que se esconde de su juicio a medias y en su propio jardín.
¿Quién es el verdadero “fariseo” aquí? La respuesta es clara: el que cree que ya lo ha alcanzado todo, que no tiene nada que aprender y que puede seguir destruyendo a otros con su juicio.
A veces me pregunto si, bajo toda esa máscara de “sabiduría”, realmente hay una transformación real. Nosotros los juzgados estamos dispuestos a reconocer nuestros fallos, a hacer ese trabajo interior, a luchar contra el propio ego. Pero ¿y él o ella? ¿Está dispuesto a ver sus propias miserias? O, tal vez, prefiere quedarse atrapado en su imagen perfecta, incapaz de admitir que es solo una máscara vacía.
La diferencia es que no debemos dejarnos engañar por la apariencia, no debemos temer de mirar nuetra oscuridad y trabajar en ella. Porque, aunque este ataque duela por tratarse de alguien a quien en algún momento se le ha admirado y bendecido, no permitirémos que el fariseo que nos señala controle los caminos. Al final, serémos más fuertes y más verdaderos que cualquier crítica con verdades a medias y que provenga de alguien que aún no se ha enfrentado a sí mismo y pretende hacerlo a través de los errores de los demás.
Los verdaderos terapeutas hemos venido a ayudar a los que necesitan no a juzgarlos, por qué somos humanos sirviendo a humanos
Tlaloc Fénix 🐦🔥
"La lluvia y el ave desde las cenizas"