25/08/2026
“Yo apenas vengo llegando” no puede ser una excusa cuando la vida y la salud de un paciente están de por medio.
Yo no soy nadie para regañar a otra persona, pero esta vez tuve que hacerle una observación a una residente.
Estaba en mi área cuando bajaron a un bebé para realizarle un electroencefalograma. Venía con oxígeno, así que el tiempo y la coordinación eran importantes.
—Traigo al paciente para el estudio —me dijo.
Revisé la agenda: no estaba programado.
Tampoco había solicitud, aviso previo ni información clínica disponible. Nadie lo había presentado desde el día anterior para que pudiéramos prepararnos.
Cuando pregunté qué había pasado, la residente respondió:
—La verdad, no sé. Yo apenas vengo llegando. Mi jefa solo me dijo que lo bajara.
Y ahí sí tuve que decirlo:
—Doctora, no estamos moviendo llantas, electrodomésticos ni costales de papas. Estamos atendiendo personas. No podemos trasladar a un bebé con oxígeno sin conocer su situación, sin solicitud y sin comprobar que el estudio esté programado.
Ella se molestó:
—¿Lo va a hacer o no? Porque, si no, le digo a mi jefe que usted no quiso hacerlo.
—Ah, qué bonito… ¿Dónde tomó la clase de Prepotencia 1, 2 y 3? Aguas, que usted no es mi superior y la forma en la que se está dirigiendo no es la correcta.Al tiro.
Le expliqué que nunca me estaba negando a realizar el estudio. Lo que estaba señalando era una falla en el procedimiento y en la comunicación.
Entiendo que acababa de llegar, pero para eso existe la entrega de turno y el seguimiento de cada paciente.
Entonces le hice una pregunta sencilla:
—Si fuera un familiar suyo, ¿le gustaría que lo trasladaran sin información, sin coordinación y sin saber siquiera si lo están esperando?
También le dije:
—Avísele a su superior. Yo le aviso a la mía y hacemos un farmeo de auras…
La doctora se retiró molesta y dejó al bebé con el camillero y su familiar. Más tarde regresó por indicación de su superior, ya más tranquila.
Afortunadamente, el problema no pasó a mayores. Reconocieron la falla, se comprometieron a tener más cuidado al programar los estudios y realizamos el electroencefalograma correctamente.
El paciente salió bien, que al final era lo verdaderamente importante.
No se trata de exhibir a nadie ni de ganar una discusión. Se trata de recordar que detrás de cada expediente, camilla y solicitud hay una persona.
Atendamos a cada paciente con la misma responsabilidad y el mismo compromiso con que quisiéramos que atendieran a nuestra familia.
El día que todos trabajemos con esa conciencia, muchas cosas comenzarán a cambiar.
Beto de Biomédica