06/04/2019
La mayoría de problemas se desarrollan allí donde las personas permanecemos atadas en el amor que nace del vínculo. La mayoría de soluciones son un desprendernos de personas vinculadas con nosotros, de su destino y de aquello que otros tienen que asumir como responsabilidad. Por eso a veces se dice que la misma agua nos sacia y nos ahoga.
Existen vínculos familiares, sexuales, de muerte, afectivos, de aprendizaje bloqueando el fluir y florecer de la vida. “Los vínculos no se quedan en casa, van incrustados en nosotros. Su información como dice Mercè Travesset, es color rojo, se infiltra o bajamos al túnel por ella como los topos, o emergerá en forma de síntoma o trastorno.” El túnel representa el mundo propio, nuestro padecimiento, nuestra oscuridad.
Tolerar el dolor, tolerar nuestra historia tal cual ha sido, significa salir de la infancia, significa conectarnos con la fuerza propia que nos hace individuos independientes, nos encauza hacia la solución que nos hace avanzar, desenredando la trama amorosa fantasiosa , poco madura que reivindica un mundo a medida, una historia diferente, un querer más, un así no; el proceso de individuación requiere coraje para asentir al dolor, vivirlo, traspasarlo y salir de la infancia mediante dosis de madurez a través de zanjar despedidas logradas.
Tal y como es la relación con la madre es la relación con el éxito, tal como es la relación con el padre se vive la relación de apertura con el mundo, pero esa relación que no se ve a simple vista.
El vínculo es el tejido que une a los miembros de un sistema humano, y la materia prima del mismo es el amor.
Es en los sistemas relacionales donde actúan los vínculos, y éstos actúan de manera inconsciente, puesto que forman parte de un legado de generaciones anteriores a las que estamos atados por fidelidades, así como por la necesidad de sentir que pertenecemos al grupo.
Todos tenemos un lugar de dignidad en el sistema, y por un sentido interior denominado conciencia, actuamos automáticamente, aunque esta manera de hacer nos dañe, porque en la mayoría de ocasiones no somos capaces de tolerar el malestar y la mala conciencia, debido a que ésta, se encuentra al servicio del sistema.
La vinculación con el grupo de origen tiene prioridad ante cualquier razón o moral. Existen dos tipos de amor, uno el amor ciego, que es un vínculo inconsciente que surge para compensar un desorden, es un amor infantil y omnipotente. Por el contrario está el amor sano, el amor que ve, amor resultado del orden y de la conciliación, de llevar al corazón a todos los miembros tal como son, permite a cada cual su lugar, tal cual es y ha sido, sin etiquetas de bueno o malo.