04/06/2026
Imaginemos por un momento que, después de una larga búsqueda, finalmente llegamos a una fuente de agua pura y sagrada. ¡Qué bendición! Es cierto: en ese instante podemos saciar nuestra sed. Pero pronto descubrimos que también queremos llevar agua para el camino de regreso y compartirla con quienes nos esperan en casa. Si no contamos con la vasija adecuada, no podremos transportar esa bendición con nosotros.
Con las plantas maestras, sagradas, visionarias o de poder sucede algo semejante. Si no existe una comunidad viva, un tejido hermoso de hermanos y hermanas que funcione como una vasija capaz de contener lo que recibimos en las ceremonias, las bendiciones terminan escurriéndose como agua entre los dedos.
El cultivo de una comunidad viva, armoniosa, fuerte, vibrante y valiente es el soporte de todo el trabajo que realizamos. Por eso, estas caminatas van mucho más allá del ejercicio físico: son una forma de construir la vasija que nos permite sostener, integrar y transportar la medicina en nuestra vida cotidiana.