30/09/2026
Tenías el día organizado. Y de repente cambió algo: se canceló una reunión, apareció un imprevisto, alguien te pidió algo distinto a lo planeado. Y en vez de simplemente ajustar, sentiste una resistencia rara, casi física, a soltar el plan original.
Eso no es terquedad. Es el cerebro, que ya había invertido energía en construir un plan y ahora tiene que desarmarlo y armar otro sobre la marcha.
Cambiar de un plan a otro no es gratis para el cerebro. Cada cambio de enfoque exige soltar lo que estabas sosteniendo y activar un esquema distinto, y eso cuesta más cuando el cerebro ya está cansado. Por eso los imprevistos se sienten mucho más pesados al final del día que al principio.
La flexibilidad cognitiva es justamente esa capacidad: moverse entre planes distintos sin que cada cambio se sienta como un esfuerzo enorme. Y como cualquier otra capacidad del cerebro, mejora con entrenamiento.
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