29/08/2026
Ya casi empiezan las clases y pensé que si tofos dedicamos 5 mins a hablar de inclusión con nuestros hijos podríamos hacer de la escuela un lugar amable, equitativo, donde todos cabemos.
Siéntense cinco minutos con sus hijos, hermanos, sobrinos, nietos, con los niños que tengan cerca, y hablen con ellos.
Explíquenles que ser muy alto, muy bajito, gordita, flaquito, moreno, blanco o negro no es algo malo. Todos somos válidos tal como somos. Que tener una discapacidad, alguna condición, aprender diferente, hablar diferente, moverse diferente o simplemente salirse de lo que ellos consideran "normal", esta bien.
Díganles que no tiene absolutamente nada de malo llevar los mismos zapatos o los mismos tenis todos los días.
Que una mochila usada, vieja, remendada o rota carga exactamente los mismos libros, las mismas tareas y los mismos sueños que una mochila nueva, del último minuto de moda, de rueditas, carísima.
Explíquenles que ser diversos esta bien.
Porque no, no todos los niños empiezan el ciclo escolar en las mismas condiciones. No todas las familias pueden comprar la lista nueva, cambiar mochila, uniforme, zapatos y colores nuevos. Y eso no hace a ningún niño menos que otro.
También enseñenles que NO ES NO.
Y un juego deja de ser juego en el segundo en que alguien dice "para", "alto", "no me gusta" o simplemente deja de reírse del chiste.
No importa si "así juegan siempre".
No importa si "no era para tanto".
No importa si quien empezó jugando después ya no quiere seguir.
Si alguien dice "ya", "no", "déjame", "no me gusta" o "para", se para. Punto.
Los límites de los demás no se discuten, no se negocian y no necesitan parecernos razonables para respetarlos.
Recordemos que no es responsabilidad de los demás padres enseñarles a sus hijos a defenderse de los nuestros.
Nuestra responsabilidad es enseñarles a los nuestros a NO transgredir los límites de los demás.
No deberíamos criar niños preparados para aguantar agresiones. Deberíamos criar niños que entiendan que no tienen derecho a ejercerlas.
Recuerdenles que:
Poner apodos duele.
Señalar duele.
Excluir duele.
Hacer comentarios sobre el cuerpo de otro duele.
Burlarse de lo que alguien tiene o no tiene, también.
A la escuela se va a aprender. No a competir por quién tiene más, quién trae lo más caro, quién saca mejores calificaciones, quién aprende más rápido o quién encaja mejor.
Y enseñémosles también a reconocer los logros propios y de los demás sin compararlos.
Porque para un niño el logro puede ser obtener 10 en cada campo formativo.
Para otro puede ser trazar por primera vez una A.
Para otro, sostener correctamente un lápiz.
Para alguno será leer frente al grupo. Para otro, levantar la mano por primera vez. Terminar una actividad. Entrar al salón sin llorar. Pedir ayuda. Esperar su turno. Hacer un amigo. Intentarlo otra vez después de que algo no le salió.
Todos son logros.
Cada quien tiene su proceso, sus dificultades, sus recursos, su punto de partida y sus propias metas. Algo que para uno puede parecer pequeño, para otro puede representar semanas o meses de esfuerzo.
Son metas cumplidas y victorias construidas desde procesos diferentes.
Enseñémosles a celebrar lo propio sin hacer menos lo de alguien más.
Y nosotros también hagamos nuestra parte.
Si sabemos que a algún niño le falta un libro, un lápiz, una libreta o cualquier material y podemos ayudar, ayudemos. Sin anunciarlo, sin exhibirlo y sin hacerlo sentir menos.
Estamos muy preocupados por surtir la lista de útiles, forrar perfectamente los cuadernos, etiquetar hasta el último lápiz y mandar todo impecable el primer día.
Está perfecto.
Pero ocupémonos también de mandar niños que sepan respetar y valoren la diferencia, que sean empaticos, amables, incluyentes.
Niños que entiendan que ser diferentes no nos hace valer diferente.
Y esa parte de la lista no debería faltarle a nadie.Ya casi empiezan las clases y pensé que si tofos dedicamos 5 mins a hablar de inclusión con nuestros hijos podríamos hacer de la escuela un lugar amable, equitativo, donde todos cabemos.
Siéntense cinco minutos con sus hijos, hermanos, sobrinos, nietos, con los niños que tengan cerca, y hablen con ellos.
Explíquenles que ser muy alto, muy bajito, gordita, flaquito, moreno, blanco o negro no es algo malo. Todos somos válidos tal como somos. Que tener una discapacidad, alguna condición, aprender diferente, hablar diferente, moverse diferente o simplemente salirse de lo que ellos consideran "normal", esta bien.
Díganles que no tiene absolutamente nada de malo llevar los mismos zapatos o los mismos tenis todos los días.
Que una mochila usada, vieja, remendada o rota carga exactamente los mismos libros, las mismas tareas y los mismos sueños que una mochila nueva, del último minuto de moda, de rueditas, carísima.
Explíquenles que ser diversos esta bien.
Porque no, no todos los niños empiezan el ciclo escolar en las mismas condiciones. No todas las familias pueden comprar la lista nueva, cambiar mochila, uniforme, zapatos y colores nuevos. Y eso no hace a ningún niño menos que otro.
También enseñenles que NO ES NO.
Y un juego deja de ser juego en el segundo en que alguien dice "para", "alto", "no me gusta" o simplemente deja de reírse del chiste.
No importa si "así juegan siempre".
No importa si "no era para tanto".
No importa si quien empezó jugando después ya no quiere seguir.
Si alguien dice "ya", "no", "déjame", "no me gusta" o "para", se para. Punto.
Los límites de los demás no se discuten, no se negocian y no necesitan parecernos razonables para respetarlos.
Recordemos que no es responsabilidad de los demás padres enseñarles a sus hijos a defenderse de los nuestros.
Nuestra responsabilidad es enseñarles a los nuestros a NO transgredir los límites de los demás.
No deberíamos criar niños preparados para aguantar agresiones. Deberíamos criar niños que entiendan que no tienen derecho a ejercerlas.
Recuerdenles que:
Poner apodos duele.
Señalar duele.
Excluir duele.
Hacer comentarios sobre el cuerpo de otro duele.
Burlarse de lo que alguien tiene o no tiene, también.
A la escuela se va a aprender. No a competir por quién tiene más, quién trae lo más caro, quién saca mejores calificaciones, quién aprende más rápido o quién encaja mejor.
Y enseñémosles también a reconocer los logros propios y de los demás sin compararlos.
Porque para un niño el logro puede ser obtener 10 en cada campo formativo.
Para otro puede ser trazar por primera vez una A.
Para otro, sostener correctamente un lápiz.
Para alguno será leer frente al grupo. Para otro, levantar la mano por primera vez. Terminar una actividad. Entrar al salón sin llorar. Pedir ayuda. Esperar su turno. Hacer un amigo. Intentarlo otra vez después de que algo no le salió.
Todos son logros.
Cada quien tiene su proceso, sus dificultades, sus recursos, su punto de partida y sus propias metas. Algo que para uno puede parecer pequeño, para otro puede representar semanas o meses de esfuerzo.
Son metas cumplidas y victorias construidas desde procesos diferentes.
Enseñémosles a celebrar lo propio sin hacer menos lo de alguien más.
Y nosotros también hagamos nuestra parte.
Si sabemos que a algún niño le falta un libro, un lápiz, una libreta o cualquier material y podemos ayudar, ayudemos. Sin anunciarlo, sin exhibirlo y sin hacerlo sentir menos.
Estamos muy preocupados por surtir la lista de útiles, forrar perfectamente los cuadernos, etiquetar hasta el último lápiz y mandar todo impecable el primer día.
Está perfecto.
Pero ocupémonos también de mandar niños que sepan respetar y valoren la diferencia, que sean empaticos, amables, incluyentes.
Niños que entiendan que ser diferentes no nos hace valer diferente.
Y esa parte de la lista no debería faltarle a nadie.