18/09/2026
“UNO, COMO SEA, PERO ¿Y LOS NIÑOS?…” CÁNCER INFANTIL Y BULLYING
A veces, a veces…el simple hecho de regresar a la escuela puede resultar más difícil que cualquier examen. Por ejemplo, para un niño o adolescente que está bajo un tratamiento contra el cáncer, entrar de nuevo al salón de puede significar algo más que reencontrarse con sus compañeros: significa regresar con un cuerpo que quizá ya no se ve igual.
La quimioterapia puede provocar caída del cabello, cansancio, náuseas, cambios de peso y otros efectos secundarios. No todos los tratamientos producen los mismos efectos ni todos los niños reaccionan de la misma manera. Pero cuando alguno de estos cambios se hace visible, puede llamar la atención de los demás.
Y aquí aparece un problema del que se habla mucho menos: el bullying.
Perder el cabello, por ejemplo, puede ser una de las experiencias más difíciles para un niño. El cabello forma parte de nuestra imagen y, especialmente durante la adolescencia, puede parecer una especie de carta de presentación. De pronto, alguien que tenía el pelo largo, corto, rizado o perfectamente peinado puede presentarse en clase con una gorra, un pañuelo o completamente rapado.
Para quien no conoce la situación, puede resultar extraño. Para el niño que está viviendo el tratamiento, puede convertirse en una preocupación constante: ¿qué van a decir?, ¿me van a mirar?, ¿se van a reír?, ¿me van a preguntar qué me pasó?
La apariencia también puede cambiar por otras razones. Algunos niños pueden perder o ganar peso, presentar cambios en la piel, tener cicatrices o sentirse constantemente cansados. Todo depende del tipo de cáncer y del tratamiento que reciben. Lo que para un compañero puede parecer simplemente una diferencia física, para el niño puede representar uno de los aspectos más difíciles de su vida diaria.
El problema comienza cuando la curiosidad se convierte en burla.
Un apodo, un comentario sobre la falta de cabello, una imitación, una fotografía tomada sin permiso o una broma repetida todos los días pueden parecer cosas pequeñas para quien las hace. Para quien las recibe, pueden convertirse en una razón para no querer regresar a la escuela.
Además, el bullying no siempre consiste en una agresión evidente. También puede presentarse cuando un grupo decide excluir deliberadamente a un compañero, dejarlo fuera de los juegos, evitar sentarse con él o convertir su enfermedad en el tema de todas las bromas.
Y hay algo particularmente injusto en esta situación: el niño ya está enfrentando algo que nadie debería tener que enfrentar a su edad.
Está recibiendo medicamentos, pasando por estudios, visitando hospitales y soportando efectos secundarios. Tal vez tenga que faltar a clases durante días o semanas. Tal vez ya no pueda participar en ciertas actividades como antes. Y cuando finalmente vuelve a la escuela, puede encontrarse con que algunos compañeros no saben cómo tratarlo.
Por eso es importante entender algo muy sencillo: el niño no tiene que sentir vergüenza por los efectos de su tratamiento.
Su cabello no se cayó porque haya hecho algo malo. Su cansancio no significa flojera. Una cicatriz no es motivo de burla. Si necesita faltar a clases, usar una gorra, caminar más despacio o recibir ayuda para determinadas actividades, no significa que sea menos capaz que los demás.
Está atravesando un tratamiento.
Y mientras él o ella intenta acostumbrarse a los cambios, el resto del grupo también tiene una responsabilidad.
A veces los compañeros no saben qué decir. Puede existir miedo de preguntar demasiado o de hacer sentir diferente al niño. Sin embargo, ignorarlo tampoco siempre ayuda. Una actitud sencilla puede marcar una enorme diferencia: saludarlo normalmente, invitarlo a participar, preguntarle cómo está sin convertir el cáncer en el único tema de conversación y, sobre todo, tratarlo como la misma persona que era antes del diagnóstico.
Porque el cáncer no borra la personalidad de nadie.
El chamaco mantiene sus gustos, a sus amigos, sus inocentes bromas, sus canciones, sus materias preferidas (si es que) y sus planes.
Puede seguir queriendo jugar, platicar, reírse y formar parte del grupo, aunque algunos días tenga menos energía.
También es importante que los adultos estén atentos. Un estudiante que deja de participar, baja sus calificaciones, evita el recreo, cambia sus hábitos o comienza a inventar excusas para no ir a la escuela podría estar pasando por una situación de acoso.
No siempre un joven va a compartir directamente lo que sucede. A veces el silencio es la forma que encuentra para protegerse.
La solución tampoco consiste en decirle simplemente: “No les hagas caso”.
Para quien sufre bullying, escuchar eso puede hacer que sienta que el problema es suyo. Lo correcto es que maestros, familiares y autoridades escolares intervengan cuando existe acoso y establezcan límites claros. El niño debe saber que puede pedir ayuda y que denunciar una agresión no significa ser débil.
También puede ayudar hablar previamente con el grupo sobre el cáncer, siempre respetando la privacidad del estudiante. Explicar que la quimioterapia puede producir cambios físicos y que esos cambios no significan que el niño sea diferente como persona puede evitar muchos comentarios nacidos de la ignorancia.
Tal vez un compañero no sepa qué decir cuando ve a un amigo sin cabello. No pasa nada. Puede empezar por algo mucho más sencillo: seguir siendo su amigo.
En una época en la que la apariencia parece tener tanta importancia, aprender a mirar más allá del aspecto físico es una lección que vale para todos. Una cabeza sin cabello sigue teniendo ideas. Un cuerpo cansado sigue teniendo sueños. Una cicatriz no cuenta toda la historia de una persona.
Y quizá esa sea una de las mejores maneras de acompañar a un niño con cáncer: no recordarle todo el tiempo que está enfermo, sino demostrarle que sigue teniendo un lugar entre los demás.
Porque bastante tiene ya con luchar contra su enfermedad como para tener que luchar también contra sus compañeros.
La escuela debería ser un sitio donde un niño pueda aprender, hacer amigos y sentirse seguro. Para un estudiante que atraviesa un tratamiento contra el cáncer, conseguirlo puede requerir un poco más de comprensión de parte de todos.
A veces, esa comprensión empieza con algo tan sencillo como no burlarse.
Y otras veces, con algo todavía más importante: acercarse, sentarse a su lado y decirle:
“Aquí estamos mijo. Vas acompañado .”
(Fuentes: Instituto Nacional del Cáncer (NCI) — Efectos secundarios del tratamiento del cáncer
https://www.cancer.gov/espanol/cancer/tratamiento/efectos-secundarios
Instituto Nacional del Cáncer (NCI) — Caída del pelo (alopecia) y el tratamiento del cáncer
https://www.cancer.gov/espanol/cancer/tratamiento/efectos-secundarios/caida-pelo St. Jude Children’s Research Hospital — For Teachers and School Personnel
https://www.stjude.org/care-treatment/treatment/clinics-services/child-life/school-program/for-teachers-and-school-personnel.html )