03/02/2026
Ser hija de las dos aguas es llevar en el alma la dulzura del río y la fuerza del mar.
Es caminar protegida por el manto amoroso de Yemayá, madre inmensa que abraza, limpia y defiende a sus hijos como olas que nunca se rinden, y al mismo tiempo sentir la gracia y el encanto de Oshún, dueña del amor, la miel y la prosperidad, que endulza los caminos y atrae la luz a cada paso.
En su vida, nada es casualidad: todo fluye como el agua, todo sana, todo renace.
Porque quien nace bajo la bendición de Yemayá y Oshún nunca camina sola; camina guiada, cuidada y coronada por la fuerza eterna de las dos aguas.
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