16/05/2026
Hay diagnósticos que no solo cambian los estudios clínicos.
También cambian la forma en que la persona se sienta a comer.
A veces aparece el miedo.
La culpa.
La vigilancia constante.
El cansancio de pensar todo el tiempo si algo “hace bien” o “hace daño”.
Y poco a poco, comer deja de sentirse natural.
Porque vivir con una condición crónica no impacta solo el cuerpo.
También transforma la relación con la comida, con el cuidado… y muchas veces, con uno mismo.
He acompañado a muchas personas que saben perfectamente lo que “deberían hacer”, pero viven agotadas emocionalmente de intentar controlarse todo el tiempo.
Y esa parte casi nunca se habla.
Creo profundamente que el autocuidado sostenible no nace de la guerra con el cuerpo.
Nace de aprender a habitarlo desde la presencia, la comprensión y el respeto.
Por eso estoy creando un espacio para acompañar justamente esa parte:
la experiencia humana y emocional de vivir una condición crónica.
Porque tu cuerpo no necesita otra guerra para poder cuidarse.
¿Te ha pasado que tu relación con la comida cambió después de un diagnóstico?